Hombres

Juan Carlos Eichholz

Se ve bien formalito
pero guarda más de
alguna peculiaridad
bajo la manga. El
episodio más freak de
su pasado es que ganó
en Solteras Sin
Compromiso, de
Sábados Gigantes, y se
avergí¼enza al
recordarlo.

  • Revista Mujer

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Aunque este abogado (41) –archiconocido por ser el ‘piñerista’ de
Tolerancia Cero– cultiva la clásica pinta del paltón joven-padre de familia
con pantalones Dockers y camisa Polo incluida, es bastante más idealista
de lo que siempre pensé. De hecho, aunque parezca naive, aún cree que
puede ‘cambiar el mundo’, a través de su cátedra de Liderazgo en la Universidad
Adolfo Ibáñez. “Pero tengo superclaro que esto no se hace desde las alturas,
sino desde la raíz, enseñándoles a los propios alumnos que pueden construir
grandes plataformas si se reestructuran a partir de sus fracasos”.
–¿Ah, sí? ¿Y tú has sufrido muchas derrotas? –le pregunto, dudando de
que con ese despliegue de seguridad en sí mismo que demuestra haya vivido
alguna. Y responde que no han habido grandes tropiezos en su vida. “Fracasos
rotundos no he tenido. Pero igual me siento con la autoridad de enseñarles
a mis alumnos cómo enfrentarlos. Y de paso yo también evoluciono
un poco. Mira, la verdad es que soy pésimo para perder; soy bien competitivo
para mis cosas”.
–Eres como uno de esos animales de rapiña que se pican cuando les ganan,
–le planteo, y él lo niega rotundamente con una pequeña risilla traviesa que
se le desvanece altiro cuando le refresco la memoria con ciertos episodios
freaks de su juventud. Sobre todo el de su paso por el espacio, Solteras sin
Compromiso, de Sábados Gigantes. Le causa tanta vergüenza que se pone
rojo automáticamente y absolutamente confundido dice: “¡No sé por qué
me siguen preguntando lo mismo! Bueno ahí estuve y gané, pero te aclaro
altiro que a mi papá le cargó que un hijo suyo se presentara a un concurso
de belleza”.
–¿Y a ti te gustaría que una hija tuya se metiera a Yingo, acaso? –lo encaro,
y responde que no aprobaría para nada que sus ‘niñitas’ (tiene cuatro en
total) entraran por alguna casualidad de este mundo a un programa como
ése. “No me veo con una hija de buenas a primeras en un espacio de esa
naturaleza”, sentencia.
Y por último confiesa que una de sus peores transgresiones es infringir las
leyes del tránsito: lo hace recurrentemente sin ningún tipo de tapujo o moral.
“Soy un infractor inmisericorde de todas las normas. Lo hago tan frecuentemente
que incluso he aprendido a que no me pillen. No paro con las luces
rojas, no pesco los ceda el paso. Y lo peor de todo es que es como un vicio
que no puedo enmendar”, cuenta dejándome absolutamente sorprendida
con su descaro.