Hombres

… Joe Vasconcellos

Este cantautor reconoce que es un peligro frente al volante, de esos capaces de atropellar a cuatro ?viejas? en una maniobra. Afortunadamente, a él le encanta andar en micro. El único problema es que muchas veces lo reconocen y no lo dejan viajar tranquilo.

  • Revista Mujer

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Por estos días Joe Vasconcellos (51) anda todavía medio terremoteado. Aún no se recupera del todo de la intensa gira musical que realizó por las zonas de catástrofe y dice que hoy no sabe qué diablos hacer con su música. “Sé que tengo que realizar algo que los remezca a todos, pero todavía lo estoy trabajando. No sé si hacer un disco completo o un solo tema lo suficientemente potente como para subirlo a YouTube y dejar a todos pidiendo más”, cuenta, y confiesa que hacer un disco es muy complejo. “Es un parto espiritual, de plata, y de todo. Cuesta un mundo convencer al público para que se encariñe con él. Uno llega feliz a presentarlo en los recitales y la gente se te achuncha porque únicamente quiere escuchar los éxitos”.

–¿De verdad? ¿Y te pifian y todo? –le pregunto, y me cuenta que ha tenido que sortear más de un obstáculo. “El público y yo ya somos como un solo organismo. Y aunque no te tiren tomates, uno igual siente cuando dejan de estar a gusto”, comenta, relajándose cada vez más con su ya clásico acentillo entre portugués y ‘artesa’ chileno, bajo el caqui del patio de su productora.

Allí estamos de lo más bien conversándonos un café cuando de pronto irrumpe su adorada gatita tigresa. La pobrecita está tan obesa (luego de que la esterilizaron), que llega incluso a asustar a las visitas. Además es tan poco ágil, que el otro día no más fue incapaz de bajar de un árbol y hubo que llamar a los bomberos. “Y eso que el árbol no era muy alto. Pero aun así, sigue igual de aniñada. Es malas pulgas y punky como nadie… Bueno, yo también pasé un poco por eso. Tuve una época en que andaba tan malhumorado y tan llevado de mis ideas, que siempre tenía problemas con mi banda. Por lo mismo me hice mala fama entre la muchachada de la percusión”, dice.

Lo que todavía no supera es su torpeza frente al volante. Admite que es a todas luces un peligro en el camino. “Soy demasiado volao; si alguien me dice ´buena poh, Vasconcellos’, pierdo a tal nivel la concentración, que soy perfectamente capaz de atropellar a cuatro ‘viejas’ de una sola maniobra. Mis propios hijos me recomiendan que mejor no maneje”, comenta, y agrega que toda la vida ha sido un verdadero amante de los buses. “Me encanta andar en micro y mirar a la gente pasar e ir con mi cuadernito componiéndolo todo. Lo gozo… Pero después de que me hice conocido se me ha hecho más cuesta arriba lograrlo. La gente a veces es demasiado invasiva. El otro día me subí a una micro y un curadito se puso como loco. Gritaba a todo pulmón que Chile era un país de porquería, que le pagaba tan poco a sus artistas que éstos tenían que vivir pellejerías tales como andar en micro… Y yo le dije, ‘ya po´, no me ayudes tanto’, y más rabia le dio”, recuerda, y luego se para de su silla y por primera vez me doy cuenta de que es muy bajito…

–No eres muy alto… –, le digo, y él se encoge de hombros y me deja de una pieza al responder: “como buen chileno soy chico pero cundidor”.