Hombres

…Paulo Brunetti

Pese a su pinta de romántico galán, este actor argentino jamás se ha enamorado. Y aunque tiene 36 años, nunca ha durado más de tres meses con una fémina.

  • Revista Mujer

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Apesar de tener apariencia de galán de culebrón mexicano, el argentino de la teleserie Mujeres de Lujo de Chilevisión Paulo Brunetti (36) no es tan fanático de la tele como una podría suponer, sino que se inclina mucho más por el teatro. De hecho en Argentina se sentía sustancialmente más cómodo actuando sobre las tablas que rodeado de las ‘estrellitas frívolas y vacías’ de televisión de ese país. “No me gustaba para nada trabajar allí. Había demasiado divismo en la Argentina, ¿me entendés?, las estrellitas me pasaban por el lado y no me hablaban, no me saludaban ni me miraban. Andaban con los humos demasiado subidos”.

–¿Y en Chile también te pasó esto? –le pregunto, y me responde que no, que acá se ha sentido mucho más cómodo. “Me han tratado muy bien, no me puedo quejar… Pero no me deja de dar pena lo mal que está la tele por allá (en su país). De Tinelli en adelante todo se fue al carajo: mucha gente sin ningún mérito se ha hecho famosa gracias a él. El tipo realmente me saca de quicio, tanto, que cuando mi papá lo pone mientras estamos comiendo, me paro y me largo de la mesa”, comenta, explicándome también que, debido a su nacionalidad, en Chile no ha sido todo ‘miel sobre hojuelas’.

De hecho no ha faltado el desubicado que le ha lanzado improperios en plena vía pública. “Al comienzo más de alguno me gritó ‘argentino desgraciado’; pero donde las viví más negras fue definitivamente en el estadio. Estaba jugando Chile contra Uruguay, recuerdo, y el árbitro –mi compatriota– lo hizo tan mal, que de pronto toda la galería se me vino en contra”. –¿Y qué hiciste? –le pregunto, compadeciéndolo por su gran desventura, y me cuenta que no mucho, que sólo gritaba que era ‘inocente’ y que escapó lo más rápido que pudo. “Pero al menos aprendí mi lección: nunca más volveré al estadio si el árbitro es de mi país”, dice.

Haciendo honor a su nacionalidad comenta que siempre ha sido seco para la carne. Tanto que aunque suele despacharse dos bifes de una sola sentada, continúa con hambre. “Soy un carnívoro insaciable. Y por lo mismo muchas veces subo de peso y en los canales me dicen: ‘Paulo, estás gordito’, y ahí no me queda más remedio que hacer dieta”, explica, y luego me suelta su última gran confesión: a pesar de su facha de galán enamoradizo, ninguna fémina ha logrado llegar a su corazón. “No he tenido ninguna relación importante. He durado a lo sumo un mes o dos, me aburro. Soy más bien picaflor”. –¿O sea que todavía no ha llegado ninguna afortunada?

–O desafortunada, depende del punto de vista… No creo que sea muy fácil enderezar a un solterón como yo, ¿entendés? –me pregunta. Y yo al ver su sonrisa perfecta, quedo clarísima en al menos una sola cosa: que cueste lo que cueste más de alguna mujer llegará a aceptar el magnánimo desafío de enderezarlo.