Columnas

Made in Chile


  • Revista Mujer

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Cuando me invitaron a escribir acerca de la vanguardia en la moda chilena, lo primero que se me vino a la mente fue la historia de cómo conocí a Rosario Riveros, la diseñadora de Duende Capitalista.

La historia es más o menos ésta: hace ocho años trabajaba como relacionadora pública para una multinacional sueca. Carolina Ibáñez, mi jefa, estaba a cargo del manejo del producto en Chile y en el resto de Latinoamérica. De nacionalidad argentina, podría describirla como una mujer muy inteligente, con visión empresarial y con alto sentido estético. Por esas casualidades de la vida, Carolina conoció a su vecina Rosario, quien por ese entonces estaba dedicada a terminar sus estudios de arte y tenía como hobby el diseño de ropa. Las tres nos fuimos haciendo amigas. Yo observaba cómo Carolina se impresionaba con el talento de Rosario y le hacía más y más encargos de ropa.

Hasta que nos propuso asociarnos, abrir una tienda, potenciar la marca y transformar el pasatiempo en una profesión. Ella sería la socia capitalista, Rosario diseñaría y yo me encargaría de darla a conocer.

Para instalarnos elegimos el barrio del Parque Forestal, que en ese tiempo empezaba a albergar pequeñas iniciativas de artistas jóvenes que buscaban espacios para difundir su trabajo. El entorno era de los más lindos que podía ofrecer Santiago, y nuestra intuición nos decía que estábamos siendo parte de los inicios de la nueva movida cultural y que tarde o temprano este sector se transformaría en un fenómeno tan potente como el barrio Palermo de Buenos Aires.

La tienda duró dos años hasta que, por problemas con los dueños del inmueble, tuvimos que cerrarla. A pesar de este traspié fue una buena experiencia, la marca se consolidó y hasta hoy me sorprende la creatividad que Rosario muestra en cada una de sus colecciones. Es más, estoy segura de que si existiesen las curadurías a ciegas, muchos de los expertos elegirían su ropa en desmedro de los de algunos consagrados a nivel mundial.

En ese tiempo aprendimos bastante. Entendimos un poco más la mentalidad del cliente chileno que, en resumidas cuentas, todavía asocia el ”made in chile” con lo barato antes que con calidad y originalidad. Haciendo una analogía con la pintura, quiere comprar un original al precio de un póster. Tiempo después, en el año 2007, tuve la suerte de trabajar en Pasarela Santiago, un proyecto que, a mi parecer, será recordado como el primer intento serio de apoyo a los nuevos talentos del diseño de moda nacional. Un grupo de empresarios chilenos se asoció con Pampa Argentina, gestores de Buenos Aires Fashion Week, y en conjunto convocaron a este evento que pretendía transformarse en la semana de la moda chilena.

La respuesta fue tan masiva que tuvimos que hacer una selección. Finalmente elegimos a diez diseñadores con colecciones de pasarela, y alrededor de veinte marcas mostraron sus propuestas en estands ubicados en el Centro Cultural Estación Mapocho. Fueron tres días de desfiles que no dejaron indiferente a nadie. Con orgullo podíamos afirmar que en Chile existía una generación de diseñadores con innegable talento y proyección.

A pesar de la buena acogida del público que repletó cada una de las actividades, nunca se realizó una segunda versión. Los socios se separaron por diferencias irreconciliables. Una lástima, pero debo reconocer que la experiencia me sirvió para darme cuenta de las potencialidades no explotadas del rubro, y plantearme seriamente en hacer algo sin esperar que viniera un extranjero a darme el visto bueno.

Por eso, el 16 de junio de 2009 junto con mi equipo de trabajo de la productora Caza Moda hicimos el lanzamiento de “Vanguardia Made in Chile”, invitando a cuatro destacados diseñadores: Chantal Bernsau, Juana Díaz, Duende Capitalista y La Joya&Barbara B. Pensábamos que había que realizar un gesto concreto para impulsar la creatividad y la vanguardia nacionales, sin importar que partiéramos de a poco. El evento fue un éxito y estamos preparando la segunda versión, en la que participarán destacados músicos chilenos. Con el tiempo pensamos incorporar otras áreas de expresión para que todas las manifestaciones se potencien y contribuyan a crear un gran show en donde todos los ingredientes sean “made in chile”.