Hombres

… Tomás González

Es el séptimo mejor gimnasta del mundo y le ha costado muchí­simo llegar a ese lugar. No sólo por sus pesadas prácticas para superarse a sí­ mismo, sino también ?dice? por todos los obstáculos que le ha puesto la propia Federación Chilena de Gimnasia.

  • Revista Mujer

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El gimnasta Tomás González (24 años) resultó ser harto menos fortachón de lo que pensé. Es bastante menudito y bien proporcionado y tiene una pinta de monaguillo que no se la puede. Y no es solamente su facha, sino también su forma pausada de hablar lo que lo hace parecer un ‘niño bueno’. “Soy más sano que un yogur porque el rigor de mi carrera me ha obligado a ser responsable. Entreno más de seis horas diarias. Hago tres mil repeticiones del mismo ejercicio y el nivel de estrés psicológico con que vivo es durísimo. A veces, por las noches, no puedo dormir cuando un ejercicio no me resulta”.

–¿Y nunca te han dado ganas de rebelarte? –le pregunto intentando sacarle el diablillo que todos llevamos dentro, y aunque responde que sí lo ha pensado, aclara que jamás podría dejar la gimnasia: “Es mi mayor pasión. Siento la urgencia de estar aquí. Cuando era chico, por ejemplo, igual me cabreaba y dejaba de entrenar por un tiempo, pero tenía que volver porque mi cuerpo siempre me lo pedía”.

Ya más relajado cuenta que no todo es tan terrible y que a veces igual sale con sus amigos y se toma su piscolita. Eso sí, tranquilo, sin protagonizar ninguno de esos escándalos faranduleros tan popularizados por algunos tenistas y futbolistas. “Yo nunca he sido de ese estilo”, dice, y cambia radicalmente de tema para relatarme su historia: fue su padre quien desde un principio lo motivó a profesionalizarse llevándolo cuando tenía sólo ocho años a rigurosas prácticas con el ruso Eugenio Belov al gimnasio de la Universidad Católica. “Pero lo hacía a escondidas de mi mamá, ya que ella, quien fue gimnasta, conocía perfectamente la difícil realidad chilena, y todo lo que yo sufriría si me metía en esto”.

–O sea que quería protegerte. ¿Y tenía razón, o no? –le pregunto, y me responde que sí, que igual ha tenido que sortear más de alguna penuria, sobre todo, explica, a causa de la desidia de la Federación Chilena de Gimnasia. “Ellos me han hecho sufrir bastante. Me tienen que inscribir para los campeonatos internacionales y nunca lo hacen. Al mundial de gimnasia de Stuttgart, por ejemplo, donde gané medalla de plata, casi no fui. Y, pese a que esa vez todo el país lo supo, siguen haciendo lo mismo. Continúan no inscribiéndome, aunque yo paso todo el día jorobándolos”, explica, y dice que esta situación lo estresa aun más que sus propios desafíos deportivos. “Vivo nervioso. Y eso que a ellos no les costaría nada inscribirme, sólo tienen que llenar un papel y mandarlo. El financiamiento, por ejemplo, siempre me lo he conseguido por otros lados. Nooo, si esto es superdifícil”, dice, dejándome completamente claro que para ser deportista de alto rendimiento en Chile no sólo se requiere muchisimo talento, sino también de una paciencia de chino.