Moda

Adiós a un genio rebelde

Dueño de una estética recargada y oscura, este diseñador inglés de pelo rapado y zapatos militares dejó un legado invaluable: la fusión de la moda y la tecnologí­a sobre la pasarela internacional. Hoy los grandes de la industria lloran su inesperada partida.

  • Revista Mujer

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Su última colección de primavera (2009) fue recibida con aplausos por la crítica especializada. “Una de las mejores de su carrera”, sentenciaron. Con una mezcla de elementos futuristas y patrones sacados de la naturaleza, McQueen presentó a sus modelos como una nueva raza, un hibrido entre reptil y humano sobre extravagantes zapatos y ajustados mini vestidos. Una vez más, el llamado “niño terrible de la moda británica” lograba provocar. Sus desfiles eran verdaderas performances donde todo podía pasar. Como cuando en la presentación de Otoño 2006, Kate Moss –su musa y amiga– fue proyectada como un angelical holograma, justo en el momento más álgido de la polémica por consumo de drogas atribuido a la modelo. La mezcla entre tecnología y diseño arriba de las pasarelas fue su sello.

Su sorpresiva muerte, ocurrida el 11 de febrero, dejó en estado de shock a la industria de la moda. La visión más sombría sobre este probable suicidio la entregó otro ícono fashion, Karl Lagerfeld: “En el trabajo de McQueen siempre estuvo ese coqueteo con la muerte. No conozco sus razones, pero demuestra que tener éxito y talento no es suficiente para ser feliz”.

Talento irreverente

Lee Alexander McQueen nació en 1969 en un suburbio de clase media de Londres. Como el menor de seis hermanos –el padre era taxista y la madre profesora– se crió en una familia donde la moda era algo “simplemente irrelevante”, como declaró al New York Times: “Ni siquiera era un tema para mis padres, mi futuro era conseguir un trabajo estable, casarme y tener hijos”. Un destino muy diferente era el que le tocaría vivir. A los 16 años, seguro de su capacidad, dejó el colegio para trabajar como aprendiz en la tradicional sastrería Anderson & Sheppard, en Savile Row. Ahí, en el epicentro de la moda masculina, McQueen aprendió la técnica que lo caracterizó: precisa, estilizada y de corte perfecto. Después de una breve estadía en Milán en 1994, por primera vez realizó estudios formales de diseño en la prestigiosa escuela Central Saint Martins College of Art and Design, donde se graduó con una colección completa ya vendida a la editora de modas y asesora de revistas como Vogue UK y Tatler, Isabella Blow. Esta última es considerada una de las influencias más importantes de la carrera de McQueen. Fue ella la primera en apostar por él, en sugerirle usar sólo su segundo nombre y en presentarlo con los más importantes nombres de la industria. Se convirtieron en grandes amigos y se dice que la muerte de Blow (se suicidó en 2007) fue una de las causas de la depresión que afectaba al diseñador.

A los 27 años fue nombrado jefe de diseño de la tradicional casa de moda francesa Givenchy. Sería el sucesor de John Galliano y él estaba orgulloso. Pero no tardaron en aparecer las críticas, porque ya entonces McQueen tenía fama de irreverente y oscuro. Años después reconoció: “yo los traté mal, estaba ahí sólo por el dinero”. De todas maneras de esa experiencia salió fortalecido, tanto que entre 1996 y el 2003, ganó cuatro veces el premio como Mejor Diseñador de Año en su país. Lo que siguió fue una seguidilla de aciertos. En 2002 vendió el 51% de su marca a Gucci, pero mantuvo el control como director creativo. Con ese modelo de negocios logró crecer a pesar de la crisis económica. Para 2007 tenía tiendas propias desde Las Vegas a Milán y entre sus fervientes clientas figuran Sarah Jessica Parker, Victoria Beckham y la cantante Lady Gaga, quien presentó su último single de manera exclusiva en el último desfile del diseñador.

A pesar de todo el éxito profesional, en los últimos años el británico enfrentó una serie de rupturas (de su pareja de 3 años, con quien se casó simbólicamente). Aunque en 2008 declaró a la revista W que creía haber dominado sus miedos más profundos, no pudo superar el más importante; la muerte de Joyce, su madre. Había confesado, en 2001, que lo peor que le podría pasar era que ella muriera antes que él. Y así fue. Nueve días después de la muerte de su progenitora, McQueen fue encontrado sin vida en su casa de Londres. Con sólo 40 años terminaba el recorrido para unos de los más innovadores diseñadores de los últimos tiempos. Mientras se define el destino que tomará su compañía, la influencia de ese enorme talento aún se puede ver desfilar en los diseños del también inglés Gareth Pugh o en los de Olivier Theyskens, ex director artístico de Nina Ricci.