Columnas

Desesperadas

¿De qué sirve ir por la vida como mujeres ultraliberadas si nuestro objetivo final es pescar a un peor es na’?

  • Revista Mujer

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Hace poco sorprendí a una amiga en el Metro. Iba con un libro sospechoso. Estaba forrado en papel oscuro, a prueba de miradas indiscretas. ¿Qué estará leyendo Bernardita? ¿Un manual para terroristas del Transantiago? ¿Pornografía de alto calibre?

Cuando la saludé con un “¡Cómo estái, Berni!” (su nombre fue cambiado por razones de seguridad), casi salió disparada del asiento. Se puso colorada y, antes de que le preguntara, comenzó a dar explicaciones sobre su misteriosa lectura. Por ejemplo, que el título que traía consigo llevaba casi un año en las listas de los más vendidos en Chile.

–“¿Y qué libro es?”, pregunté.

–“Bueno” –respondió en voz baja– “Estoy leyendo Por qué los Hombres Aman a las Cabronas”.

En efecto, la obra de Sherry Argov lleva varios meses entre las lecturas favoritas de las chilenas. Y también yo decidí leerlo. A escondidas, claro.

En realidad, más que el libro en sí, lo que me intrigaba era el porqué de su éxito. Pues bien, averiguarlo me tomó apenas unos minutos: Por qué los Hombres Aman a las Cabronas, es una especie de manual para conseguir a una pareja (un hombre, por supuesto) gracias a lo que la autora llama “Leyes de la atracción”.

Sherry Argov pone gran énfasis en no mostrarse jamás ‘desesperada’ (por un hombre, otra vez) porque –advierte– los potenciales pololos o maridos huyen de la ansiedad femenina por el compromiso. Es por eso que la autora aconseja parecer siempre independiente y feliz. Sólo así –dice– aparecerá el ansiado peor es na’.

Fue entonces cuando comprendí una verdad que lastimó mi orgullo de chilena del siglo XXI: por más liberadas que nos creamos, nada cambiará realmente en la Historia de las Mujeres mientras nuestro objetivo central consista en dar caza a un Príncipe Azul (o a un peor es na’, que para el caso viene a ser lo mismo).

En síntesis, el libro Por qué los Hombres Aman a las Cabronas encierra una fatal paradoja: es un supuesto canto a la independencia femenina, pero al mismo tiempo transmite los mismos consejos que las ancianas de la tribu daban a las jóvenes casaderas para conseguir lo que –hasta hoy– se considera el mayor premio en la vida de una mujer: un hombre. ¡No vaya a ser que se quede solterona, niñita, por Dios!

No digo que esto (tener un hombre) sea bueno o malo. Ese no es el punto. Lo que quiero decir es que no sirve de nada ir por la vida como mujeres ultraliberadas si nuestro propósito final es convertirnos en ‘la señora’ de fulanito.

De-ses-pe-ra-da. Como la canción de Marta Sánchez. ¿Se acuerdan? La rubia pechugona. Realmente la palabra que usa Argov me llama mucho la atención porque, a fin de cuentas, ¿hay una actitud más desesperada que comprarse un manual para pescar a un peor es na’?