Hombres

… Silvio Caiozzi

El cineasta me sorprendió absolutamente al mostrarse tan crítico con sus colegas. Dice que a pesar del optimismo de algunos, la filmografía nacional está pasando por su peor momento y que él se siente cada día más alejado de su gremio.

  • Revista Mujer

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Si bien hoy el cineasta Silvio Caiozzi (55) está terminando un completo y festivo documental sobre viñas chilenas, admite que su filmografía siempre ha sido distinta. Que toda su vida ha desarrollado obsesivamente personajes tristes y decadentes. Y que sus protagonistas han sido fieles representantes de una especie de ‘final de mundo’. “Los muertos en vida se me repiten… Yo no soy así ahora, pero creo que todo proviene de mi infancia. Fui un niño muy solo, muy sobreprotegido, que casi no jugaba y que hablaba con las paredes”, me cuenta, mientras abre sus enigmáticos ojos verdes.

El creador de Julio Comienza en Julio y Coronación, entre otras, dice que está más interesado en los sueños que en las cosas concretas. “Me encanta soñar. Yo digo ‘pobre el que no sueña, el que se mueve por el mundo como un ente y hace puras cosas sin trascendencia’”.

–¿Y tú crees que los cineastas chilenos logran trascender? –le pregunto, y de inmediato me dice que no, que él está absolutamente convencido de que el cine nacional está pasando por su peor momento. “El mercanchifleo que comenzó a finales de los 90 nos ha dañado demasiado. Salvo un par de excepciones como La Nana, por ejemplo, la calidad de nuestros filmes ha bajado mucho. Principalmente porque ha primado la fórmula ultra marquetera de poner actores famosos y sexo explícito. Algunos juraron que con eso se harían ricos, pero no sólo se empobrecieron, sino que para peor desprestigiaron la industria”, me explica, aclarándome además que por esta y por otras razones se siente cada día más alejado de su gremio. Y no sólo de sus colegas está apartado, sino también del gobierno y la política. “Nome abandero ni con el oficialismo ni con la oposición, siempre he intentado ser totalmente independiente, no un vendido… Por lo mismo no les tengo ningún respeto a aquellos artistas que se ganan favores haciendo propaganda electoral”, me dice.

Y luego cambia absolutamente el tema para internarse en otro que lo confunde profundamente: las mujeres. A pesar de que se ha casado tres veces, aún no logra comprender a nuestro género. “Son sencillamente imposibles… Creo que en este momento nos encontramos en plena crisis. Los hombres estamos destruidos. Antes era muchísimo más fácil, porque ellas se quedaban en la cueva y nosotros buscábamos el mamut, pero ahora que ustedes también son cazadoras, ¿qué hacemos nosotros entonces?, ¿ah?”, me pregunta y no sé qué contestarle. Sólo intuyo que no me molestaría en absoluto que, de vez en cuando, apareciera un macho que también trajera mi mamut.