Belleza

Una joya de crema

Las piedras y metales preciosos no sólo sirven como ornamento de orejas, cuellos y manos. También son la base de productos antiedad que buscan mejorar el aspecto de nuestra piel.

  • Revista Mujer

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Por siglos se han aprovechado los beneficios y propiedades de las piedras y metales preciosos. En la cultura egipcia tenían una doble función: estética y curativa. Por ejemplo, el oro era considerado ‘medicina divina’; se le atribuía la cualidad de traer equilibrio a la vida, porque se creía que eliminaba todo lo tóxico y calmaba la mente, además de armonizar la circulación de la energía. En Grecia, las personas ricas usaban perlas molidas para adornarse el pelo y les adjudicaban el poder de evitar el llanto de las novias y de dar felicidad a quienes las portaban.

Con el avance de la tecnología, la cosmética optó por elaborar fórmulas con ingredientes de lujo como el oro, perlas, polvo de diamantes, esmeraldas, cristales de cuarzo, entre otros, que actúan como los nuevos agentes antiedad.

¿De qué manera funcionan estos minerales que vienen en ungüento? El proceso es fácil de entender: con los años es indispensable cuidar la piel, porque ésta pierde humedad y disminuye su habilidad para regenerarse, lo que hace que aparezcan los temidos signos de la edad. Patricia Bernal, directora de la escuela de estética que lleva su nombre, explica que en el organismo existe un 0,01% de oligoelementos que son esenciales para su funcionamiento, por ejemplo minerales como el hierro, cobre, cromo, manganeso, selenio, zinc, litio, níquel y silicio, que participan en diferentes funciones celulares. Estos elementos ayudan a que las enzimas puedan realizar su actividad en forma adecuada. “En general las piedras preciosas, que también son minerales, apoyan a los aminoácidos estructurales y participan en la regeneración de las células; se recomiendan cremas que las contienen para personas con más de 30 años, pero también las pueden usar aquellas de menos edad que tengan señales de fotoenvejecimiento, ya que poseen propiedades regeneradoras”, agrega.

Según explica Marisol Barraza, terapista de Esteé Lauder, estos principios activos son una excelente alternativa porque, en comparación con otros ingredientes tradicionales, penetran profundamente en la piel llegando más velozmente al problema. Reparan desde adentro y previenen el daño futuro. “La acción con relación a otros componentes naturales es como ir de viaje en un Mercedes Benz versus un auto común: es totalmente diferente porque los activos son más sofisticados, el efecto es mucho más rápido, están tecnológicamente muy bien hechos y la piel los absorbe como un agente conocido”, asegura.

Estos ingredientes son especiales para pieles finas que han perdido luminosidad y retienen menos humedad, provocada por el envejecimiento cronológico y las agresiones externas como el sol, la contaminación, una mala alimentación, el tabaco y el estrés, entre otros. “Estos productos se recomiendan porque, a medida que avanzan los años, vamos perdiendo la producción de oligoelementos y, por lo tanto, la piel ve disminuidas sus funciones, envejeciendo y perdiendo la labor protectora para el resto de nuestro organismo”, explica Bernal.

En resumen, el uso de piedras preciosas o semipreciosas con fines cosméticos se apoya en las propiedades de éstas para que la dermis aproveche –al aplicarlas tópicamente – los minerales naturales importantes para la vida celular, reconstituyendo la energía natural de la piel. Patricia Bernal cuenta que el oro se comenzó a utilizar primero en los hilos tensores que se introducen en la piel quirúrgicamente; tiene excelentes resultados, ya que por ser un metal noble no sufre rechazo por parte de las células.

Luego, algunos laboratorios comenzaron a incorporarlos en algunas cremas. La especialista explica que “los más relevantes son el silicio y el cobre ya que ayudan a la piel a protegerse de los factores externos que la envejecen, funcionan como estimulantes de la regeneración celular, y el cobre en particular, ayuda a producir melanina, que es el pigmento protector de los núcleos celulares y que evita la degeneración del ADN de las células, evitando el cáncer de piel”. Ambos ingredientes se encuentran en algunas formulaciones de las distintas casas cosméticas y son elaboradas con tecnología de avanzada, en las que se invierten años de investigación y en las que se emplean materias primas difíciles de conseguir, lo que explica su elevado costo y, aunque no lo parezca, su gran demanda. Marisol Barraza asegura que “las cremas hoy en día son un lujo y están enfocadas para las mujeres que no escatiman en comprar una joya; en el fondo adquieren tesoros para su piel. No sólo quieren verse bien hoy, sino siempre. Invertimos en ellas ahora porque a futuro se va a notar”.

Minerales y sus beneficios

Oro: Da luminosidad, reafirma, tiene propiedades antioxidantes, regeneradoras y depurativas.

Malaquita: Desintoxicante y antioxidante.

Perlas: Potencian la regeneración celular, ayudan a eliminar las manchas cutáneas y devuelven la luminosidad al rostro.

Diamantes: Actúan como exfoliante, lo que les permite restaurar la energía y la luminosidad perdidas.

Jade: Elimina las células muertas de la superficie de la piel, abre los poros y elimina las toxinas.

Esmeraldas: Tienen la capacidad de reflejar la luz, lo que da más luminosidad.

Amatista: Activa la microcirculación y mejora el aspecto y el tono de la piel.

Rubí: Es un potente estimulante y regulador de la circulación sanguínea; también posee un efecto tonificante cutáneo.

Zafiro: Restaurador de la piel.

Silicio: Alisa el relieve cutáneo y ayuda a regenerar los tejidos profundos.

Cobre: Ayuda a evitar el cáncer de piel. Platino: Recarga el equilibrio eléctrico de la piel y actúa como catalizador para realzar la absorción de los ingredientes.