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Tiempo compartido

Giorgio cuenta lo mucho que le gusta ir a eventos promocionales de turismo porque siempre saca algo bueno.

  • Revista Mujer

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Soy pillo, lo admito. Pero también soy un buen prospecto y eterno candidato a comprar paquetes de vacaciones o de tiempo compartido. Eso sí, nunca me ofrecen eso, sino que me quieren vender “una experiencia única” o “los mejores destinos vacacionales durante 30 años”. Así que voy a cuanto cóctel, presentación, lanzamiento o evento promocional me inviten, con el ánimo de reportear, cotizar, comer y disfrutar de los beneficios, porque lo vale. Incluso en mi luna de miel en México me dejé regalonear. Si estás tomando un juguito guata al sol mirando el mar de Cortés y llega un señor acreditado que te ofrece paseo en catamarán con bar abierto y buceo con snorkel más un city tour y una polera por ver un video de tres minutos y escucharlo una hora, ¿ustedes qué hacen? Mi señora y yo buceamos de lo lindo y no soy socio de ningún club de golf en Baja California. Y todo por mostrar la tarjeta de crédito de lejitos.

Los eventos promocionales son muy entretenidos. A uno lo tratan como rey casi, casi hasta el final. Porque al principio son puras sonrisas y después vienen los números. Cuando están seguros de que te convencieron uno dice “muy bonito todo pero ¿cuánto cuesta?”, y ahí levantan la mano y llega el vendedor con la calculadora. Y entonces se pone bueno el asunto. Sacan libreta de apuntes, tiran rayas y cifras, créditos y números,monos y círculos y te dicen “esto apenas te sale 3 millones más 36 cuotas de 200 mil”. Y uno dice “igual es caro”. No alcanzas ni a argumentar cuando se repite el proceso, más códigos y números, calculadora en mano y te lo dejan en 1 millón y medio más 24 cuotas de 150 mil. “Excelente, pero es caro para mí todavía”. No termino de decir ‘todavía’ cuando clac clac clac…teclean y anotan, línea para allá, cifra para acá: ¡800 mil y 12 cuotas de 100 mil más US $ 2.000 en pasajes, más un bono de estadía de 7 días en hotel 5 estrellas en Cozumel a 35 dólares la semana! Y uno piensa, medio risueño, falta que digan “y un refrigerador, un mini componente y salsa de tomates Deyco, ¡y que pase la abuelita!”, porque no pueden regalarte ni rebajarte más la cosa.

Como uno no es Farkas y los créditos hipotecarios y de consumo tienen para rato, aunque me ofrezcan un crucero a la puerta y que lo pague en 365 cuotas de mil pesos con seismeses de gracia, tengo que decir que “no, gracias”. Para mí no hay champaña ni aplausos en esas reuniones, pero sí un voucher de consumo en un rico restorán italiano y la estadía gratis prometida en Brasil, estadía que es absolutamente gratis si llego a Fortaleza y pago el derecho a reserva, que es cercano a los US$ 500 (si es que hay habitación que reservar, claro). Al final, creo que no terminaré comiendo tacos a nivel del mar en Cancún pero sí un buen risotto en la cota mil de Santiago.