Vida Sana

No somos las mismas

¿Por qué el paso de los años nos deja más experiencias, pero también más kilos? Nos sentimos condenadas por el reloj biológico, pero la verdad es que los cambios de peso en las diferentes etapas de la vida de la mujer son una combinación entre los hábitos, las experiencias y, en un porcentaje relativo, la naturaleza.

  • Revista Mujer

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Es un hecho que subirse a la pesa a los 20 y a los 40 no es lo mismo. Según la socióloga de la Universidad Católica Claudia Giacoman, las encuestas demuestran que “hombres y mujeres en Chile incrementan su peso con el paso de los años, pero la diferencia entre unos y otras, es que son ellas las que muestran los casos más extremos de obesidad”.

Eso no significa que las modificaciones en el peso impliquen definitivamente una tendencia al sobrepeso, sino más bien a los cambios de la apariencia del cuerpo, en general. Algo a lo que las mujeres estamos bien acostumbradas, desde muy jóvenes.

La ginecóloga infantojuvenil de la Universidad Católica Marcela Menéndez, explica que durante la pubertad se produce un aumento normal de masa grasa, esto, porque las adolescentes se están “preparando” para tomar formas femeninas, lo que depende de las hormonas. Este incremento de peso y de porcentaje de grasa es necesario para enfrentar una futura maternidad.

Menéndez cuenta que las fluctuaciones de peso importantes durante esta etapa tienen que ver con otros aspectos. Los cambios fí­sicos visibles, y otros que se producen a nivel cerebral se combinan con las oscilaciones de ánimo producidas por las fluctuaciones hormonales y variaciones en las formas de relacionarse con las personas. Eso hace que las jóvenes adopten un comportamiento distinto. “La mayorí­a de las adolescentes se hacen más sedentarias y pasan horas frente al computador o al teléfono. Esto, sumado a una frecuente alimentación desequilibrada, contribuye a la aparición o agravamiento de la obesidad”, dice Menéndez.

Lo que sucede también es que en esta etapa, las mujeres tienden a hacer unas dietas muy restrictivas por perí­odos cortos, en lugar de tener una alimentación saludable y ejercicio por tiempo sostenido. “Eso, además de ser nocivo para la salud, trae como consecuencia aumentos y bajas de peso constantes, con pocas posibilidades de estabilizarse en un peso adecuado”, aclara la nutrióloga de la Clí­nica Alemana Karen Salvo. “En otros tiempos, ser tan delgada como hoy ni siquiera era bonito, pero ahora la sociedad es muy exigente con las mujeres en ese sentido. Por eso, están más preocupadas de estar flacas que sanas. Quienes mantienen buenos hábitos de alimentación e incrementan la actividad fí­sica en esta época, pueden prevenir el aumento de peso corporal más tarde”, dice la profesional.

Sentar cabeza

Según Claudia Giacoman, entre los 17 y 24 años, las encuestas muestran un bajo porcentaje de obesidad, pero cuando se pasa de los 25 a los 34 años, una quinta parte de los chilenos tiene sobrepeso.

Dedicada a estudiar la corpulencia o volumen del cuerpo, la socióloga analizó las encuestas más relevantes realizadas por el Ministerio de Salud y otras instituciones durante los últimos años, y según sus observaciones, el paso desde la juventud a la etapa del adulto joven es percibido con un código bien claro: cambios bruscos en el peso, tanto en hombres como en mujeres.

Cerca de los 30, sobreviene el perí­odo en que se afianzan los proyectos tanto personales como profesionales y de familia. Por eso es que esta fase es indentificada con patrones sociales que hablan de “echar cuerpo” o “ensancharse”, los que suelen ser más permisivos para los hombres que para las mujeres y por eso es que son ellas las que se declaran menos conformes con su apariencia fí­sica. La tendencia cambia entre las más maduras, que se declaran bastante contentas con su apariencia.

Lo que hay que entender es que a partir de los 30 años comienza a disminuir un porcentaje del gasto energético y eso se extiende a cada década de la vida que vamos avanzando. En resumen, se hace más difí­cil ocupar las calorí­as que se ingieren, algo que sucede porque lasmujeres hacen menos actividad fí­sica y tienen menor masa muscular conforme pasan los años. Por lo tanto, si queremos mantener el peso, hay que bajar la ingesta de alimentos.

Pese a todo, esto no es un determinante primordial de los cambios de peso. “Esta edad coincide con una etapa en que las mujeres viven cambios bien importantes en la vida. Se ponen a trabajar más formalmente, se casan, tienen hijos, todos ellos factores que se asocian al aumento de peso”, dice.

Lo que no se puede desconocer es que el embarazo parece identificarse como la causa más importante de aumento de peso, en el caso de ellas. La clave para no terminar con sobrepeso, es subir los kilos justos y necesarios: entre 10 y 12 es lo normal. En esas condiciones, la recién estrenada madre deberí­a recuperar su talla entre la cuarta y la sexta semana posterior, ya que la mayor cantidad de peso se pierde en el mismo parto, entre bebé, lí­quido amniótico y placenta.

Cuando nos embarazamos

Hay un dato que podrí­a subirle el ánimo a cualquiera. Según el doctor Cristián Belmar, gineco-obstetra del Hospital Clí­nico UC, la sola edad de una mujer no la determina a ganar más kilos o a no poder perderlos con facilidad. No existe mayor diferencia entre el comportamiento del peso en una mujer de 25 versus otra de 35. “Esos cambios pueden responder a otros factores como actividad fí­sica o trabajo (entre otros)”, cuenta.

Eso sí­, hay que tener claro que durante el embarazo los malos hábitos son los principales responsables de los cambios de peso, los que además se combinan con otros hechos que suceden a nivel en la biologí­a.”Después de que se quedan esperando guagua, luego del parto o mientras amamantan, las mujeres se exponen a una cultura de sobrealimentación que afortunadamente poco a poco se ha ido revirtiendo, pero que sigue siendo muy fuerte”, dice. Las tí­picas frases de “la guagua me pide comer esto o lo otro”, “hay que comer por dos” y “tengo antojo deÂ…”, son parte de las tradiciones que enriquecen este modelo, según ejemplifica Belmar.

En lo biológico, hay dos grandes etapas dentro del embarazo. “La primera –que es el primer trimestre– está marcada por un par de hormonas que hacen que las mamás tengan menos tolerancia a los alimentos y menos apetito. Durante las primeras 12 a 14 semanas no suben de peso o, incluso, bajan. Y en la segunda etapa, hay un par de hormonas que comienzan a estimular el anabolismo, lo que en lenguaje común quiere decir que la mujer está más dispuesta a asimilar los alimentos”, aclara Belmar. Considerando que una mujer en la segunda parte del embarazo requiere sólo 300 calorí­as adicionales –algo así­ como un sándwich más– es muy fácil excederse de esa proporción y subir kilos que se hacen difí­ciles de bajar después.

Karen Salvo dice que en su práctica ha observado que las mujeres intentan cuidarse toda la vida, pero cuando se embarazan sienten que es el momento en que pueden relajarse un poco con las comidas. “Eso las hace variar enormemente la alimentación que tení­an antes del embarazo. Por lo tanto, hay algunas que siendo muy flacas previamente, terminan con 25 kilos de más y les cuesta mucho bajarlos”, comenta. Además, se debe sumar a lo anterior toda la responsabilidad y el estrés que significa tener un hijo, lo que no facilita bajar todo el peso que se ha ganado.

Menopausia

Salir de la etapa reproductiva y enfrentar los cambios hormonales de la menopausia es para muchas mujeres una prueba difí­cil. No sólo sobrevienen los bochornos y las variaciones de ánimo, sino también los cambios en la apariencia del cuerpo y el peso. “Las mujeres en la etapa climatérica tienden a acumular grasa en la parte abdominal, entonces además del cambio fuerte de no menstruar, para algunas significa reencontrarse con un cuerpo que es distinto al que están acostumbradas a ver. Eso puede ser emocionalmente fuerte”, explica Salvo. Sin embargo, dice que lasmujeres que a los 40 ó 45 años deciden incorporar la actividad fí­sica de manera regular pueden prevenir el aumento de peso que se espera en la menopausia.

Para el doctor David Mayerson, gineco-obstetra del departamento de Obstetricia y Ginecologí­a de la UC, hay que tener en cuenta que la disminución de los estrógenos afecta negativamente los factores de riesgo: el colesterol total, por ejemplo, sube. “Aumenta el malo y los triglicéridos, y disminuye el bueno. En ese escenario, se pueden generar resistencia a la insulina y aumento de peso”, advierte. Para minimizar estos problemas, el profesional hace dos recomendaciones fundamentales: tener unmédico de cabecera que ayude a controlar el peso y el colesterol, y hacer mucho ejercicio. Es preciso tener claro que no hay deportes prohibidos para las mujeres maduras, pero se recomienda combinar ejercicios aeróbicos, como trotar, caminar o nadar; con otros más localizados, especialmente abdominales.

Existen algunos otros cambios fí­sicos asociados a las variaciones experimentadas con el climaterio, que pueden incluir caí­da de cabello, resequedad de la piel y aparición o aumento del vello facial. El doctor Mayerson puntualiza que las manifestaciones de la menopausia son muy diferentes en cada mujer, por eso es necesario buscar soluciones a la medida para cada paciente, que un 60% de los casos será terapia de sustitución hormonal.

Sobre la alimentación, la nutrióloga recomienda evitar la ingesta de grasas saturadas, que están en las carnes, los lácteos y las frituras. Hay que tratar de consumir cosas dulces sólo esporádicamente. Para ella no está demás insistir en que es necesario aumentar el consumo de verduras, frutas y legumbres, además de incorporar los hidratos de carbono más complejos como el arroz, pan rico en fibras y el pescado. En esta etapa baja el metabolismo de base: “Lo que sucede en este perí­odo es que hay un gasto energético menor, por lo tanto, si la mujer sigue comiendo lo mismo que cuando era más joven, lo que va a ocurrir es que engordará”, dice. Lo importante, resume Salvo, es que no se necesita comer una dieta especí­fica según la edad de las mujeres, sino más bien llevar un estilo de vida saludable para siempre.