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Me carga Elisa, pero igual la veo

Sonia Lira cuenta que no veía la teleserie Dónde está Elisa, pero la presión social la obligó a hacerlo y ahora no se la pierde.

  • Revista Mujer

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No creo que las teleseries sean pura evasión. A veces, pueden hacernos pensar, reflexionar. Un caso es ¿Dónde Está Elisa?

Por ejemplo, cada vez que sintonizo las peripecias de los Domínguez, me hago la siguiente pregunta: ¿Por qué #&*#&*# ocupo media hora en una historia predecible y llena de clichés?

La respuesta me la dio mi amigo Sebastián. Cuando niño, su papá se resistió a comprar un televisor. “¡Puras tonteras!”, exclamó el señor, y cada lunes el Seba se sentíamarginado, un paria entre sus compañeritos. ¿La razón? El comentario obligado del curso era Sábados Gigantes y, claro, él no tenía nada que decir.

25 años después me ocurrió algo parecido. Por las mañanas, mientras tomaba café en grupo y no podía aportar ningún dato sobre el paradero de Elisa, experimenté la sensación de estar colgada.

No me quedó otra alternativa que sentarme a ver el fenómeno. Y, por supuesto, quedé enganchada. Si mi hemisferio racional me gritaba que perdía el tiempo, mi hemisferio animal quería ver sangre, relaciones extramaritales y –un poco de fantasía– detectives que van al siquiatra varias veces al mes.

Debo reconocer que desde que me convertí en fan de los Domínguez, no me falta tema de conversación ni con mis amigas ni con la señora del kiosco. La otra vez hasta el dentista comentó algo del culebrón y –aunque por razones obvias no le pude responder– sentí como si nos uniera algo pachamámico, algo más profundo que mis caries.

Quizás, la razón última por la cual veo la teleserie es que logró algo que no pudieron los candidatos durante el último debate televisivo. Es decir, hacernos sentir parte de un país que persigue elmismo objetivo, aunque sea imaginario.

Y para terminar ¡no seamos hipócritas!, vemos la teleserie, simplemente, porque nos gusta; porque disfrutamos a escondidas el “lado B” de la familia chilena aspiracional. Matrimonios perfectos que no se soportan; historias sórdidas de la clase alta. En fin, el viejo cliché de que los ricos también lloran.

No sé si cuando esta columna sea publicada,¿Dónde Está Elisa? todavía estará al aire. Pero tenemos tema para rato.