Hombres

…Sergio Lagos

Está más hiperquinético
y alegre que nunca.
Afirma que desde hace
un buen tiempo se ha
propuesto aparecer
menos en pantalla y que
su mujer y su música
es lo que lo tiene
verdaderamente “loco”.

  • Revista Mujer

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Sergio Lagos (38) lo esperé en un café pormás demedia hora, hasta que de pronto irrumpió ¡bailando! Y no de cualquiermanera, sino almás puro estilo Fiebre de Sábado por la Noche (aunquemuchomás descoordinado, por supuesto) para demostrarme su felicidad y entusiasmo ante un nuevo día. “Vivo intensamente, sin miedo al ridículo y sin complejos. Como bien proclama Jorge González, el placer no tiene culpa”, dice, mientras sigue contoneándose sin temor a ser florerito.

Luego se sosiega (gracias a Dios porque ya veía que no lo paraba ni con fuego) y comienza a hablarme de su carrera y de por qué últimamente se ha propuesto bajar sus salidas en pantalla. “En el canal esperan que yo aparezcamás, pero no quiero. Simplemente nome veo como conductor de estelares por otros cinco o seis años… Podría seguir haciendo reportajes o nuncamás hacer tele. Nome aflige”, explica yme aclara que lo que de verdad le importa es lamúsica. “Es un deber para mí. No puedo vivir sin tocar, le guste o no a la gente”.

–¿Y lo seguirás haciendo aunque te critiquen? –le pregunto, y me contesta que sí, que toda la vida ha sido lo suficientemente porfiado como para no abortar ninguno de sus proyectos. “Jamás me daré por vencido. Creo en lo que hago, aunque todo el mundo se me venga en contra. Por ejemplo, cuando estaba en la universidad una vez me compré unos bototos amarillos fluorescentes tan estrambóticos que a todos les parecieron pésimo, pero los seguí ocupando porque eran parte de mí”, me dice, mientras se toma su cuarto café turco ultra cargado de la tarde que, me da la impresión, lo tiene más hiperventilado que nunca.

No puede dejar de mover las rodillas, de puro hiperquinético que es. Al parecer siempre ha sido así. Incluso de guagua era medio inquietillo. “De pequeño no podía estar tranquilo. Pero, por fortuna, nunca me dieron Ritalín. Eso sí, me echaron de varios colegios por discutidor”, me cuenta relajadamente, hasta que de pronto se pone romántico y comienza a hablarme de su mediática relación con Nicole: la única mujer que lo ha enamorado verdaderamente. “El amor siempre lo viví de forma tortuosa. Estaba con chicas fantásticas, pero no podía comprometerme. El problema eramío. Era demasiado pendejo, inmaduro y muy, muy loco…”.

–¿Y ahora no eres loco?– le pregunto, dudando de que haya cambiado demasiado, y aunque me confirma que sigue un poco insensato, me aclara, “hace tiempo que estoy bien, porque encontré una “loca”, incluso, más desquiciada que yo. Sincronizamos y estamos felices. Tenemos el hijo más maravilloso del planeta. Y ella sigue siendo mi única certeza”, dice y me deja suspirando, porque me encantaría que alguien dijera lo mismo sobre mí. Mi contertulio podrá tener muchos defectos, pero que es más romántico que nadie, lo es.