Columnas

Releer a Gabriela

A propósito de las cartas que Gabriela Mistral escribió a Doris Dana, Carolina Pulido dice que ya es tiempo de leer con “otros ojos” a la Premio Nobel de Literatura.

  • Revista Mujer

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He estado siguiendo con mucho interés el debate sobre la vida privada de Gabriela Mistral, una escritora que leí en el colegio y que siempre fue para mí sinónimo de versos ingenuos o aburridos. Los rumores de su lesbianismo existen desde antes de su muerte, hacemás de 50 años, pero los estudiosos de su poesía y gran parte de sus lectores más acérrimos se han negado sistemáticamente a ver lo que era evidente (y más ahora, que se acaban de publicar las cartas de amor que Gabriela le mandaba a su preciosa y joven amante): que nuestra Premio Nobel era homosexual.

Es interesante observar cómo se descolocan los homofóbicos al descubrir que alguno de sus más grandes ídolos resulta ser eso que tanto desprecian… Lo primero, la negación. Lo segundo, la búsqueda de argumentos para restarle importancia al asunto. Es lo que está ocurriendo con la oficialidad mistraliana. En su correspondencia, Gabriela llamaba “mi amor” a Doris Dana, su asistente y pareja, y en ocasiones hablaba de sí misma en masculino: “Loco fui, insensato”, escribió, y en otras cartas también le declaró a su amada: “Soy tuya en todos los lugares del mundo y del cielo”, “yo no soy la bestia de mera calentura física que tú has visto enmí” y “tal vez fue una locura muy grande entrar en esta pasión”.

Ante tamaña evidencia, la discusión, entonces, se ha centrado en la relevancia de conocer su vida privada. Algunos sugieren que era mejor mantener los textos en secreto; otros, que es una falta de respeto escarbar en sus intimidades. Y la mayoría argumenta que en realidad da lo mismo cuál fue su orientación sexual, pues la interpretación de su obra no se altera en absoluto.

Yo debo decir que discrepo profundamente. Con los nuevos hallazgos –y creo interpretar a muchas mujeres que apenas conocieron a la Mistral de los “piececitos de niño”– se me ha revelado una nueva Gabriela, intensa, apasionada, valiente, misteriosa, vanguardista, seductora, víctima de una sociedad llena de prejuicios, y cuya vida debió haber sido mucho más dura de lo que ya imaginábamos.

Puesto que toda obra literaria es en alguna medida autobiográfica, los detalles de la vida de un artista resultan ciertamente relevantes en su comprensión. Gabriela puede liberarse al fin de ese cuento infantil que algunos quisieron hacernos creer: el de la humilde profesora de Vicuña que vivió un profundo amor platónico. Una especie demonja o santa. Algo que no terminaba de cuajar y que, por supuesto, no le hacía justicia a una autora que ya es tiempo de que todos releamos… Con otros ojos.