Hombres

…Paulo Ramí­rez

Es un galán maduro. Habla con argumentos y aunque hoy es rostro de Canal 13, se muestra tan crí­tico con la televisión, que incluso admite que ésta sólo apela a lo más instintivo de nosotros mismos.

  • Revista Mujer

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Paulo Ramí­rez (43) siempre ha sido escéptico frente a la televisión. Hace varios años paró de descuartizarla en su columna de El Mercurio, pero aún mantiene vigente aquel espí­ritu crí­tico y hoy se atreve a decir que el contenido cotidiano de la cajita rectangular está sacando lo peor de nosotros mismos. “Cada dí­a rescata con mayor ahí­nco las manifestaciones más básicas, animales e instintivas del ser humano. Se escuda en aquella doctrina de que lo único que vale es la emoción y excluye todo tipo de análisis intelectual”, me explica y agrega que su casa televisiva actual no se escapa mucho de eso. “Canal 13 no tiene un diferencial tan radical en comparación al resto. Se echa de menos algo mejor, pero la fuerza del rating es tan poderosa que actuar contra la corriente es prácticamente imposible”.

–¿O sea que aunque trabajes ahí­ no puedes hacer nada por cambiar las cosas?–le lanzo y con gesto pesimista me responde que no, que ni cuando fue director de contenidos durante cuatro años lo logró. “Asumí­ ese cargo y ni desde allí­ tuve el poder suficiente. Aunque igual se cambiaron cosas, me hubiese gustado hacer más”, me dice.

Y luego, mientras se mira escrupulosamente el reflejo de sus canas en un espejo, admite que no sólo es crí­tico de la televisión, sino también consigo mismo cuando aparece en pantalla. En especial, desde que este año asumió la conducción delmatutino programa En Boca de Todos. “Estoy permanentemente autocriticándome. Tengo una especie de egocentrismo negativo; siempre pienso qué estarán elucubrando de malo los demás acerca demí­. A veces, me gustarí­a tanto conocer la opinión real de mis amigos que quisiera ser invisible y meterme en sus casas para escucharlos”.

–¿Y no te darí­a miedo que dijeran que eres fome, por ejemplo?–le digo y me mira con tal cara de terror que de inmediato debo asegurarle que no es nada de aburrido; que si bien no es Indiana Jones, a su manera es harto interesante y moderado. De hecho, según él, lo que más lo define es la mesura. “Es muy difí­cil que me salga de los márgenes. Vivo con un toque de queda permanente en la cabeza, siempre midiéndome en las horas nocturnas y en las consecuencias de mis actos. Esto me ayuda, pero me quita libertad, porque no asumo casi ningún riesgo. Aparte que soy súper tí­mido”,me cuenta y dice que esta caracterí­stica lo ha llevado a desarrollar un miedo prácticamente irracional ante la sobreexposición. “Odio que me ubiquen en lugares públicos. Una vez que dos mujeres me reconocieron en un supermercado tuve que esconderme por más de 15 minutos para que no vinieran a saludarme”.

–No te creo. ¿Y si yo te pidiese un autógrafo para mi mamá también te escaparí­as? –le pregunto, y me responde que jamás me lo darí­a.