Columnas

Y después nos engañamos…

El peridista hace alusión a cómo se refieren algunos chilenos para hablar de la Presidenta. Sin ser un admirador de su obra, le irrita como desde iletrados hasta PhDs hablan de ella como “esta vieja” o la “gorda”.

  • Revista Mujer

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En el 96,32%de las críticas que hago tengo tejado de vidrio. Y capaz que sime apuran, nos aproximamos a la “gamba”. Pero, dejando de lado la auto flagelación, hay un punto que hace tiempo me da vueltas: el respeto a la autoridad, algo tan sencillo, pero que fomentamos tan poco. Modestia aparte, en esto sí que les costará pillarme.

En las últimas semanas nos hemos impactado por el asesinato a puñaladas de un joven de 18 años, aparentemente a manos de otro de 15. Además de la impresión que genera una muerte violenta, ha aparecido un montón de temas relacionados, desde iniciativas legales para acrecentar la responsabilidad civil de los padres por los delitos de sus hijos, hasta la falta de control de los cabros por parte de sus papás, y que luego repercute en los colegios. Se han lanzado sugerentes teorías para explicar el fenómeno, como que la generación que hoy se encarga de educar vivió los rigores de la dictadura y, por eso, detestan toda disciplina; o que, debido a la culpa que sienten los progenitores por trabajar tantas horas, prefieren no “paquear” a los “pobres” niños.

De sociólogo no me las voy a dar. Pero igual me armé una tesis propia. Me parece que hace rato vivimos un severa crisis de respeto a la autoridad –como les decía al principio–, y les doy un ejemplo: la Presidenta. ¿Se han fijado cómo se refieren a ella algunos que quieren hacer una legítima crítica política? Podemos escuchar desde iletrados a PhDs hablar de la Presidenta como “esta vieja” o la “gorda” (disculpen lo crudo, aunque omití otros calificativos derechamente inaceptables). Me irrita, sin ser yo especialmente un admirador de la obra de Bachelet. Porque detrás de esto hay padres o abuelos que graciosamente le faltan el respeto a la máxima autoridad del país delante de niños, sin darse cuenta de que dan un pésimo ejemplo, que nada tiene que ver con política. Entonces, ¿por qué nos debería llamar la atención que hoy los colegios tengan que soportar el desfile de apoderados que van a quejarse porque castigaron “al niño”?

No me inscribo en la lista de los nostálgicos de los varillazos, pero tampoco a la orquesta políticamente correcta de los que creen que todo debe ser horizontal, sin autoridad ni disciplina. Pregúntenle a un hijo mío qué le pasa cuando habla de “la Bachelet…”.

–Perdón, ¿la Presidenta Bachelet..? –los corrijo.

–Ay, papá… ¡qué exagerado! –suelen responder.

Para los que les afectó el cutis el ejemplo, cierro con uno más lejano y menos abstracto, pero que es lo mismo. Barack Obama confesó hace algunos días que sumadre nunca le permitió que le respondiera mal… y tan mal no le fue.