Hombres

…Sebastián Piñera

El candidato presidencial de la Alianza me confesó que su principal consejera política es su mujer y que cada noche lo espera despierta para criticarlo duramente.

  • Revista Mujer

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Sebastián Piñera (60) anda tan corto de tiempo que en vez de invitarme a salir, me convidó –y bien a la rápida– un café en su oficina. Dijo que así estaban las cosas y tuve que conformarme. Pero me avispé y le pregunté algo que siempre había querido saber: si sus innumerables tics (tiene más de seis tipos que incluyen movimientos de hombros y de cuello) y sus uñas carcomidas responden a una tremenda ansiedad de campaña o si son parte de otra cosa. Me sorprendió su respuesta: “No es que ande nervioso, yo nací así. Desde mi primer día de vida que los tengo”.

–¿Pero cómo?¿Cuando era guagua también hacía esos gestos? –le pregunté como para desconcertarlo, pero no lo logré. Él es claramente más hábil que yo: cambió rápidamente el tema y le bajó el perfil.

Poco después, me pilló volando bajo y me pidió que le cantara la pauta de preguntas que tenía preparada para nuestra “cita”. Apenas le nombré a Pablo Longueira saltó –literalmente hablando– de su asiento. “¡Para qué me vas a preguntar por él!”, me increpó y luego corrigió el exabrupto aclarándome que con el senador UDI nunca ha tenido grandes diferencias personales, sino meros “roces políticos” que ya se encuentran absolutamente superados. Tendré que creerle, reflexioné en silencio, aunque igual le insinué que su antigua rivalidad quizás podría deberse a que este último también siempre ha querido ser Presidente de Chile. Pero él negó, tajante, mi conclusión.

No sé cómo, pero inesperadamente pasamos de la política a su familia. Hablamos de Cecilia Morel, su mujer, y me contó que ésta siempre ha dicho que, como pareja, son algo así como “la bella y la bestia. “Ella afirma que es mucho más buena moza que yo”… Claro, el candidato presidencial está de acuerdo en que su esposa es regia, pero bromea diciendo que a él le subió bastante el ego el año en que lo eligieron “el político más guapetón”. La “bella” lo espera cada noche ansiosa para ofrecerle un verdadero análisis de campaña, evento por evento. “Me critica severamente. Me reta hasta por los detalles más pequeños, pero igual siempre me defiendo. Y tengo una receta infalible: cuando empieza a ser demasiado dura conmigo, simplemente apoyo la cabeza en la almohada y me quedo dormido”, dice y, de pronto, fija la vista en una foto de su padre y se pone ultra sentimental al recordar a la “burrita”, una Ford 28 que lo paseaba a él y a sus hermanos durante la infancia. “Estaba entera destartalada, pero igual mi papá la sacaba todas las mañanas para llevarnos al colegio. Nos avergonzaba mucho, y siempre le rogábamos que nos dejara a varias cuadras de la entrada, para que no nos vieran nuestros compañeros”, cuenta y después, automáticamente, vuelve al presente: mira su computador con sus clásicos ojos de ave de presa y se levanta para desearme buena suerte. Me explica que debe continuar “urgente” con su ajetreada vida política.