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Me gusta la “famiglia”

Giorgio cuenta lo mucho que le gustan las reuniones familiares, especialmente cuando hay asados de por medio.

  • Revista Mujer

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Siempre he pensado que toda persona, para vivir tranquila, debe tener al menos cuatro familiares con ciertas especialidades: carabinero, médico, cura y mecánico. No sé. Me imagino que si uno choca medio copeteado ojalá te arreste el primo carabinero, te lleve a hacer la alcoholemia donde la cuñada doctora, te hagan confesar con el tío cura y el auto se lo lleves a tu hermano mecánico. Así el condoro quedaría en familia. En mi caso, tengo dos de cuatro, así es que si la doctora no me salva de ir bajo tierra, al menos el tío cura podrá abogar porqueme quede enterrado en la corteza terrestre y no me vaya cascando al núcleo magmático con el cola de flecha y su team de diablitas.

Como buenos descendientes de italianos, las familias como la mía son variadas, achoclonadas, masivas y muy entretenidas. Y, para mi suerte, al casarme la familia se me amplió en tíos y primos de notable humor y entretenidas personalidades que hacen de cada reunión familiar un evento imperdible. Por ambos lados celebramos hasta el día del níspero con alguna junta, misa, asado o disco, fiesta, salida a comer o tecito familiar, según sea la ocasión. Y siempre en grandes números porque, desde el más veterano al más joven, somos todos iguales: alegres y apatotados. No faltan las tallas ni en los funerales. Incluso, para honrar a un viejo amigo de la familia que se fue a negro –Michael, descansa en paz–mis primos organizaron un cumpleaños temático, así que llegamos todos disfrazados a lo Michael Jackson y ya estamos proyectando cómo será la fiesta que haremos cuando se nos vaya otra tía italiana: Louise Veronica Ciccone, a quien le dicen Madonna.

Es muy cierto que a la familia uno no la elige y a los amigos sí, pero en mi caso siento que los genes, los astros, las mareas, las cartas, los copetes, las runas, en fin, el destino, le achuntó medio a medio con mis familiares, porque hay de todo. Pero lo mejor… hay muchos, así es que cuando uno se muere casi ni lo notamos. Mentira. Sí lo notamos, sobre todo cuando el difunto era el encargado de traer la carne o las bebidas del próximo asado. Y aunque no tenemos tantos contactos como la familia Corleone, siempre hay algún familiar que te puede ayudar en algo, desde el pasaje de avión hasta el virus en el PC, porque habemos de todo y si no, como decía Don Vito, alguien conocerá a un tercero que pueda hacer el trabajito. Y si no puede, el computador un día amanecerá en la maleta del auto y parecerá un accidente.