Hombres

…Roberto Artiagoití­a

El Rumpy está más deslenguado y desvergonzado que nunca. Confiesa, sin ningún pudor, que no votará este año y que no pagará ni media multa. “Si me llevan detenido por no cancelarla, me llevan no más”, dice.

  • Revista Mujer

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A sus 39 años, el Rumpy admite que es bastante temperamental. Que un día amanece bien y al siguiente,mejor ni hablarle. Felizmente, conmigo anduvo de buenas. En estos días no tiene de qué quejarse. Su programa radial sigue siendo uno de los más escuchados y su cinta Grado 3 superó los 150 mil espectadores situándose entre las más vistas del año. Las malas críticas que ha recibido no le afectan en lo más mínimo. “Nadie lee los diarios, sólo sirven para envolver pescado. Y en general las películas se publicitan de boca en boca. Me da lo mismo lo que opinen”, me dice y celebra que las publicaciones cristianas la catalogaran como “no recomendable”. “¡Menos mal!, me muero si me hubiesen recomendado. ¿Te imaginai? Hubiese sido propaganda negativa”, me cuenta.

Y luego suelta una gran verdad: que si él quiere, puede ser el tipo más pesado del mundo. “Soy atroz cuando me lo propongo. No es una postura fabricada para el Chacotero Sentimental. No. Yo siempre he sido así. Siempre me ha encantado agarrar a la gente para el fideo, soy feliz haciéndolo.”

–¿Y no te da cargo de conciencia acaso? –le pregunto para chequear si, remotamente, conoce el concepto “culpa”. Me responde que no, que ese sentimiento lo abandonó cuando tenía 12 años. “Lo perdí una vez que me puse a jugar al ring-ring-raja y no arranqué. Me importó tan poco lo que pensara esa vieja que me estaba abriendo la puerta que me quedé ahí no más”, me dice dejando en claro que es un completo desvergonzado.

Desvergonzado, deslenguado y extremo. Al nivel que hace un par de meses, para demostrar públicamente su repudio a la posición de la Iglesia Católica frente a la pastilla del día después, declaró que quería quemar la Catedral. Eso sí, aclara, no lo lanzó en serio. “Lo dije sólo porque tuve un mal día no más, pero jamás lo haría. En realidad me dan lo mismo los cristianos, no gastaría ni un fósforo en ellos… En todo caso sí me molesta mucho su intromisión permanente en los temas del país, ¿quién les da derecho a decirle a una niñita que no puede tomar la pastilla del día después?”, me pregunta y aclara que, según él, la responsabilidad de todo esto la tiene el Estado, por no imponer su autoridad como debiera. “Se muestra súper débil. Es el que menos manda. Pesan mucho más los grupos económicos, la Iglesia, y los militares…Por eso estoy tan ni ahí con la política. Ni siquiera voy a votar este año.”

–¿En serio? ¡Pero te van a cobrar la media multa!

–¿Y qué? No pienso pagarla, y si me llevan detenido por no cancelarla, me llevan no más. En todo caso, dudo que lo hagan. Nunca lo han hecho. Y eso que tengo costumbres muchísimo peores, como hacer pipí en la calle –me cuenta y termina de dejarme absolutamente absorta. Jamás hubiese creído algo así de él. Cualquier cosa, menos eso. Pero ya que me lo confiesa, no me queda más remedio que sonreírle e intentar no imaginármelo.