Moda

Pola Thomson: La adelantada

Lleva casi una década marcando pauta en la escena local de la moda independiente, pero la creadora de la marca Pituqui-Pinaqui recién se atreve a lanzar la primera colección que lleva su propio nombre. Gran parte de la ropa está elaborada con saldos de seda levemente gamuzada, de esa que causaba furor a fines de los 80 y en los 90, pero que ya no se ve por ninguna parte.

  • Revista Mujer

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Por una de esas casualidades de la vida, la diseñadora chilena Pola Thomson (28), conocida por su marca Pituqui- Pinaqui, logró entrar a un desfile de Jean Paul Gaultier en la Semana de la Moda de París del año 2007. Y le pasó algo que todavía la sorprende: un grupo de japoneses comenzó a sacarle fotos como si fuera una estrella. Algo parecido le sucedió el año pasado mientras caminaba por las calles de Londres, sólo que esa vez fue una italiana la que la abordó para fotografiarla. Una que se dedicaba al coolhunting.

No es que Pola fuera mundialmente conocida, sino que la fijación de ambos personajes estaba en su potente look. Uno en el que, últimamente, abundan las hombreras. “Yo no tengo una gran espalda, y una hombrera bien ubicada te deja la silueta ‘armadita’. No soy la única a la que le gustan: hay una fuerte corriente a favor de ellas impulsada por diseñadores como Balmain o Martin Margiela. Se usan cónicas, cuadradas o normales. Tiene que ver con que hay una vuelta a la imagen de súper poder, de lo extraordinario”.

No es la primera vez que esta diseñadora da muestras de su capacidad para adelantarse a la moda, como lo hizo al jugársela por este elemento que está comenzando a poblar las pasarelas. En su primera colección, que presentó el año 2001 en losmíticos Encuentros deModa Independiente, Pola hizo desfilar jeans intervenidos, telas de algodón estampado con calaveras y con dibujos de órganos humanos, polleras con capas, y ropa de lycra en tonos flúor. Todas propuestas que hoy se ven bastante, sobre todo en las tiendas del barrio Lastarria pero que en ese tiempo brillaban por su ausencia. Esa audacia la dejó fichada como una de las escasas chicas que son capaces de imponer tendencias.

-En esos días se decía que tú eras como una Madonna chilena.

-(Ríe). Bueno sí, andaba con el pelo teñido rubio y esa cosa como ochentosa. Creo que me relacionaban con ella por la necesidad de encajarme en algo; en otros tiempos habría sido New Wave o pokemona. Me gusta Madonna como modelo de mujer, hace muy bien su business y anda con su “pololiche” de 22 años. Es muy moderna.

-Tu primera colección, que no tenía nombre, marcó tus comienzos con Pituqui-Pinaqui. Primero en el Caracol Vip´s y después en el Drugstore…

-Patudamente, a esa colección le puse nombre después. La llamé Yo No Sé Coser. Porque, de verdad, no sabía.

-¿Y ahora sí?

-Sí pues. Ahora estoy instruida. El año pasado hice el curso con Laura Rivas, por cuyo taller han pasado varios de los mejores diseñadores de Chile. Con ella aprendes desde historia de Chile hasta tino. Todavía me falta ir a entregarle la tesis. Además, después de que cerré la tienda Pituqui-Pinaqui (ahora vendo esa marca sólo en la tienda La Canaria, en Vitacura), me fui a estudiar a Londres, al Saint Martins College of Art and Design. Tomé varios cursos: terminaciones en máquina industrial, drapeado sobre maniquí, dirección de arte en producción de moda…

-¿Es por eso que estás lanzando por primera vez una colección con tu nombre?

-Sí. Antes no me sentía preparada. Estudié un poco tarde, porque andaba metida en millones de cosas. Tenía la tienda, trabajaba en la revista Blank, hacía producciones de moda,me titulé como diseñadora integral en la Universidad Católica, trabajé en la señal latina de MTV. Pero llegó un minuto en que me dije: voy a dejar de hacer todo esto y voy a darme un tiempo para mí. Cerré mi tienda sin tener idea de que venía una crisis económica y me concentré en aprender.

-Además que estar en Londres es muy estimulante desde el punto de vista creativo. Está todo pasando.

-Por supuesto. Allá estás siendo constantemente bombardeada por cosas maravillosas que te abren la cabeza. Pude ver exposiciones increíbles, como la del fotógrafo Tima Walker o la retrospectiva de Victor&Rolf. Aunque me dieron ganas de quedarme por más tiempo, estuve allá sólo tres meses porque esa ciudad es súper cara. ¡Tomarte una copa de champaña cuesta como catorce lucas!

-Para muchos, tu primera colección más personal es El Secreto de la Pirámide, que presentaste el año pasado. Tenía una propuesta muy especial, con negro, dorado y mucho uso de la geometría.

-Ahí empecé a sentir una diferencia entre Pituqui-Pinaqui y yo. Pituqui es una marca con mucho algodón. Yo la defino como callejera-progresiva. Propone una manera de usar las cosas que es bien joven. Ahora, por la situación económica, la colección está más centrada en básicos que no son tan básicos; en prendas que puedes usar 10 veces de 10 maneras distintas, sin que te aburran. Creo que esamarca está en un nivel tal, que me la debiera comprar alguien, algún retail. En cambio El Secreto de la Pirámide fue pensada de otra manera. Había dos líneas dentro de esa misma colección: una que se ajustaba a un público de 15 a 25 años y otra que ya no era para esa edad.

Colección cápsula

En el show room que tiene en su casa y en los corners donde su colección Pola Thomson está a la venta (en las tiendas Poupée, de Vitacura y en Hall Central, del barrio Lastarria), se pueden ver pantalones y faldas de cuerina, blusas y blusones de colores puros, chaquetas tipo blazer y una interesante línea de collares hechos con cuerdas, palos barnizados y acrílico. Nada como para ir a una discoteca, sino más bien para dejarse caer en una oficina con algo clásico, pero con un toque original, que sirva también para después salir a comer. “Uno no puede ponerse a hacer fantasías que sirven para una foto y nada más. La idea es hacer ropa que te provoque, pero que sea útil, para no terminar llenando el clóset con prendas que no tienen escenario”, acota.

Gran parte de la ropa está elaborada con saldos de seda levemente gamuzada, de esa que causaba furor a fines de los 80 y en los 90, pero que ya no se ve por ninguna parte. Además, tiene algodón, gabardina y mucha cuerina, de la mejor que pudo encontrar (“pleader”, le dice ella, por la mezcla de leather –cuero en inglés– con plástico). Se trata de telas aptas para el invierno, pero también para la media estación.

La paleta de colores es más bien oscura: predominan el café y el negro, aunque para las blusas escogió un potente azul eléctrico. “Quise ubicarme en la penumbra del invierno, pero rescatar también los días en que sale el sol y el cielo se ve brillante”, explica. Para simplificar la clasificación comercial de las prendas, Pola le puso a cada diseño un nombre de mujer: la falda larga de cuerina se llama Penélope; el blusón bien corto y ancho, Mía; la polera sin hombro, Nury. Es una colección pequeña, con muy poco stock; por eso, su creadora se refiere a ella como una propuesta “cápsula”.

-¿Con qué referencias trabajaste?

-Uno construye una colección con varios elementos diferentes. Hay hartos tajos, que recogen ideas de Lucio Fontana, un artista ítalo-argentino que trabaja rasgando los lienzos. Vi trabajos suyos en el Palais de Tokio, en París, y me llamaron mucho la atención. También me inspiré un poco en el jet set europeo de fines de los 80, cuando reinaban Jerry Hall y Estefanía de Mónaco. Por último, trabajé con la idea un poco dadá de sacar un elemento y dejar su espacio. Por ejemplo, hay una blusa que tiene sólo una manga.

-Tu colección tiene elementos propios de la moda de comienzos de los 90.

-Sí, hay un rescate global de esos años. He estado escuchando mucha música de esa década y también he visto en YouTube muchos comerciales y videos de esos tiempos, como uno muy chistoso en el que Raquel Argandoña promociona un pisco sour. El ejercicio de la moda es así; tienes que investigar por todos lados. Y yo siempre he tenido la inquietud de buscar, de estar conectada.

-¿Qué opinión tienes del mercado de la moda independiente en Chile?

-Cuando llegué de Londres no quería hacer nada. Sentía que no tenía mucho sentido hacer una nueva colección, porque acá es muy difícil que el negocio funcione. Faltan instancias para la moda independiente, porque la industria del retail domina el asunto. Por otro lado, veo que hay mucha creatividad pero falta oficio, y también demasiada gente que se mete en la moda porque es “choro” o “cool”. Llegan de manera un poco inmadura e insolente, sin tomarle el peso a todo el trabajo que exige. Hay harta feria y evento de moda, y eso es bueno, porque activa el mercado. Pero no es lo mismo ponerte a hacer collares y venderlos, que embarcarte en un proyecto de diseño que tenga una propuesta, un discurso, y sea un aporte. Yo estoy haciendo lo que me gusta, pero siento que nado contra la corriente.

-Pero tú ya tienes un nombre ganado. El negocio debiera ser más fácil para ti.

-En moda, uno es tan bueno como la última colección que presenta. El resto no importa.