Hombres

…Coco Legrand

Es imposible no reírse cuando una sale con él, porque su vida la cuenta saltando de un chiste a otro. Pero a lo largo de la cita, logré ver que algo de melancolía hay en la vida de este hombre.

  • Revista Mujer

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Cuando logré una cita con Coco Legrand tenía claro que me haría reír. Por eso me descolocó cuando llegué a juntarme con él y me lo encontré llorando cual “doncella en peligro” en un rincón del café. Me dio tanto nervio saludarlo, que él solito tuvo que acercarse y explicármelo todo. “Lo que pasa es que estoy jodido de las córneas y tengo que echarme unas lágrimas falsas que me hacen llorar como magdaleno. Además, no puedo controlar mis ojos: a veces se me triplican las figuras. Veo mujeres hasta con tres culos y, pucha, si uno se calienta con uno solo, ¡imagínate con tres!”, me dice con esa voz ronca que logro reconocer de sus rutinas.

De la nada, me confiesa su edad: me cuenta que tiene 61 años (después me daré cuenta de que realmente le gusta decirla, porque me la dice a cada rato) y que a los 15 soñaba con ser cura. “Más allá de la fe, me parecía increíble llegar a un púlpito para restregarle a la gente sus pecados…Esa vez entendí que como me encantaba detenerme en las debilidades humanas, me iba a dedicar a esto”, recuerda con un poco de nostalgia en su cara.

Si hay algo que me ha impresionado siempre de este humorista es su maestría para pasar de un cuento a otro, de fusionar los chistes. No logro darme cuenta cuando ya me está hablando de Hugo Chávez. “Es un sambo muy sensato. Después del incidente del rey, mandó a sacar todos los reyes magos de su pesebre, porque se dio cuenta de que si uno solo lo hacía callar, los tres juntos le iban a sacar la cresta”. Esta vez me arranca carcajadas, pero me confiesa que no todo se lo toma tan a la risa.

–Me defino como un ser de alma triste con vocación alegre. Soy un tipo reflexivo, de los que observan para darse cuenta de lo que está pasando.

–¿Y qué es lo que llama más tu atención?

–Por ejemplo, la instantaneidad y liviandad con que los jóvenes enfrentan el mundo… (Acá va de nuevo) Se casan y duran tan poco, que ni siquiera alcanzan a ser infieles. Tampoco se dan el tiempo para conquistar a una doncella. Yo, en cambio, era esforzado; si me gustaba una niña, me armaba la voluntad para soportar los maltratos que me propinaba la suegra.

–¿O sea que nunca fuiste el yerno ideal?

–Obvio que no. Me echaban de todas las casas por ser humorista. Era mal partido, ¿me entiendes? Recuerdo que cuando más sufrí, fue cuando me enamoré de una chinita y su mamá prohibió que me acercara… Si eso no hubiera pasado, hoy tendría hijos chinitos. Hubiesen salido bonitos. ¿O no?

Yo no sé muy bien qué responderle, porque encuentro que su hijo Matías González tiene los ojos bien rasgados. Por un rato pienso que a lo mejor me quiere revelar algo importante, pero luego atino que no puedo ser tan ingenua: este hombre nació para desafiar las leyes de la “gravedad”.