Belleza

Un must durante el invierno

Que el sol en esta época calienta poco es un hecho. Pero no por eso es inofensivo. Los rayos UVB y UVA que emite son una amenaza real de envejecimiento prematuro y riesgo de cáncer. Por eso, en invierno los protectores solares tienen que estar a la mano y no solo cuando se va a esquiar, sino también en la vida diaria, con mayor razón si se tiene la piel clara.

  • Revista Mujer

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No es una práctica común protegerse del sol en esta época del año. De hecho, más que hacer un espacio dentro de la cartera para llevar un protector solar, nos preocupamos de que ahí quepan un par de guantes, un gorro o una bufanda. Pero debiéramos empezar a pensar distinto: bien en agrandar nuestros bolsos o en sacrificar algún elemento para hacerle un espacio al protector solar, un producto que nos puede salvar la vida.

Según explica la dermatóloga de Clínica Las Condes, Patricia Apt, aunque en verano la radiación ultravioleta B (UVB) es la causante de las quemaduras solares y el cáncer de piel, en invierno predominan los rayos ultravioleta A (UVA), responsables del envejecimiento de la piel y también de la creación de melanomas. “Por eso, durante esta época, es conveniente usar una crema hidratante con protección solar con, al menos, factor 15 o superior”, dice la especialista.

Para la químico farmacéutico y encargada de relaciones médicas de Vichy, Sylvia Baeza, si bien el uso de filtros solares es altamente recomendable en invierno para todas las pieles, “es indispensable en aquellos fototipos de piel más clara o con algún tipo de hipersensibilidad al sol. Me refiero a las personas de cabellos rojizos o rubios y de ojos claros. Todas ellas deberían utilizar protectores solares de alto índice (sobre 30)”, advierte.

La dermatóloga Apt explica que los rayos UVA llegan hasta la dermis, donde se encuentran los vasos sanguíneos junto con la elastina y el colágeno, que son las sustancias de soporte responsables de mantener la piel firme, flexible y resistente. El problema es que ambos –elastina y colágeno– son muy sensibles y no resisten encontrarse con los rayos UVA. Ante su presencia, se desintegran progresivemente. De esta forma, empiezan a aparecer las arrugas y la flacidez. Mientras más tiempo esté la piel expuesta a estos rayos, más rápido envejece.

No sólo está el problema estético del fotoenvejecimiento, sino que también el peligro que representan estos rayos para la salud. “Los UVA conllevan un alto grado de penetración, por lo que dañan el ADN celular y contribuyen al desarrollo del cáncer de piel”, advierte Apt. Por lo mismo, si se evita o atenúa la exposición a los rayos solares, se puede detener la aparición de tumores agresivos.

Sylvia Baeza recomienda informarse acerca del protector que cada persona debe utilizar. “La elección depende del fototipo de la piel (la reacción que ésta tiene frente al sol) y al biotipo cutáneo, es decir, si se tiene piel seca, mixta, normal o grasa. Los filtros más altos deben ser escogidos por personas muy blancas o que se exponen a fuertes radiaciones de UV, como por ejemplo, las que practican esquí o montañismo”, advierte Baeza. Claro, porque a mayor altura, disminuye el grosor del filtro que representa la atmósfera. Los filtros más bajos, según explica esta especialista, pueden ser usados por personas de tez mate o más oscura que, al contrario de las pieles muy blancas, se defienden mejor de los rayos solares. Esta “defensa” se manifiesta en el bronceado que, lejos de ser un signo de salud, es un mecanismo de protección natural de la piel frente a las radiaciones solares: cuando se toma el sol se activan los melanocitos, que son las células que producen la melanina, ese pigmento de color café que protege la piel. Si bien las pieles claras y las oscuras tienen el mismo número de melanocitos, las primeras producen menos cantidad de melanina que las segundas.

Piel bonita siempre

Otro aspecto a considerar en el invierno es la calefacción excesiva y los cambios bruscos de temperatura, porque son factores que contribuyen a deshidratar y dañar el cutis. Al exponer la piel a estas condiciones, se acelera la evaporación del agua que está en la epidermis, su capa más superficial. Como consecuencia, la piel se siente irritada, tirante y reseca, sin importar si se trata de una piel grasa, mixta o seca.

La dermatóloga Patricia Apt, recalca, además, que en esta época corremos más riesgos de acelerar el proceso de envejecimiento de la piel porque, como no sentimos que el sol quema, no nos preocupamos de protegernos. “Lo más aconsejable es usar factor solar en el día y una crema reparadora en la noche”. ¿Por qué en la noche? La razón es sencilla: en las horas de descanso el sistema inmunológico se activa y las células se regeneran más rápidamente. Las cremas específicas para uso nocturno tienen en sus fórmulas ingredientes capaces de potenciar esta recuperación. Para no dejar de cuidar este órgano tan importante, es bueno tomar en cuenta algunos consejos.


Medidas inteligentes

Si se practica esquí o montañismo, lo indicado es usar filtros con protección UVA y UVB sobre 25. En terrenos altos, los rayos del sol llegan en forma más directa, sin filtros como el follaje de los árboles o los edificios. Además, como la nieve es blanca, no absorbe la luz, sino que la refleja y hace que choque directamente contra la piel.

En ambientes calefaccionados es recomendable hidratarse bebiendo suficiente agua. Hay que cuidar el manto hidrolipídico, una finísima emulsión natural compuesta básicamente por agua y grasa que se encarga de proteger la piel de agresiones externas. Una buena crema de cara que hidrate y nutra es fundamental y debe ser escogida según el tipo de piel: geles si se tiene cutis graso y cremas si es mixto o seco.

Nunca olvidarse de los labios. Siempre están expuestos a los cambios climáticos y para mantenerlos húmedos es crucial aplicar un hidratante con protección o un labial, ya que al hacerlo con saliva se produce una irritación cutánea adicional. La tradicional mantequilla de cacao no basta.

Las cremas solares adecuadas son las que poseen doble fotoprotección, es decir, filtro UVB y UVA (cuidan de los dos tipos de radiación) tanto en invierno como en verano. Otro aspecto importante es elegir un filtro fotoestable, es decir, uno que mantenga sus propiedades y eficacia bajo la luz solar. Cuando no tienen esta característica, el sol va rompiendo susmoléculas y haciendo que disminuya su poder. Un dato que no se puede olvidar: reaplicarse cada 2 o 3 horas.

No guardar los productos de un año a otro. Usar uno vencido puede causar alergias o reacciones de irritación. Además, al perder sus propiedades protectoras, el filtro puede redundar en quemaduras severas.

Las cremas con filtro creadas para adultos poseen activos pensados para ellos en su formulación y no deben ser aplicados en niños, porque su piel es más sensible y permeable. Tampoco es lo mismo un protector para niños que otro para guaguas (entre el nacimiento y los 6 meses de edad los niños simplemente no tienen que exponerse a la luz solar directa). Desde los 2 años, los pequeños pueden recibir más sol, pero siempre con filtros físicos que funcionen reflejando la luz. Son esos que, al aplicarlos, dejan la piel levemente blanca.

Fototipos

Pieles extremadamente sensibles

Muy blancas, pálidas, ojos verdes, pecas, cabellos rubios y pelirrojos. Nunca se broncean, siempre se queman. FPS + 30

Pieles muy sensibles

Levemente pigmentada, pecas raras, cabellos rubios, castaño claro, ojos verdes o gris. Se broncean levemente. FPS 20-30

Pieles sensibles

Piel mate, sin pecas, cabellos castaños, ojos gris o marrón. Buen bronceado, raramente se queman. FPS 15-20

Piel algo sensible

Morena, sin pecas, cabellos castaños a negros, ojos marrón. Siempre se broncean y nuca se queman. FPS 15