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Lo lindo del pololeo sub-40

Giorgio comenta que pololear de grande tiene varios condimentos que lo hacen especial y atractivo, uno de ellos es la independencia.

  • Revista Mujer

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Cuando uno era sub-30, incluso menos, universitario, el asunto era así con ustedes: “¿Querís bailar? ¿Fumai? ¿Cómo te llamai? ¿Me dai tu teléfono?” (el celular y el e-mail eran incipientes aún) y, después de unas cuantas salidas venía el “¿querís pololear conmigo?”

Creo que a nadie, pasadas las tres décadas de vida, se le ocurriría entablar una relación con semejante prosa y menos ahora, camino a los 40, preguntando: “¿Vivís sola? ¿Hace cuánto te separaste? ¿Tenís hijos? ¿Te gusta el sushi?”. Pololear de “adulto-joven”, cuando un matrimonio no resultó, cuando hay hijos de por medio, o cuando la biología apura, es absolutamente distinto al romance de cabro(a) chico(a) ¿verdad?

Según mis fuentes –cordiales saludos a ti, a ti también y, por supuesto, a ti–, pololear de grandecito tiene varios condimentos que lo hacen muy especial y atractivo. De partida existe el término “independencia”, es decir, cada uno tiene su vida armada y se juntan cuando quieren para un touch & go (que puede terminar en el rito de compartir el lavatorio por la mañana). Tampoco están ni ahí con el qué dirán, aunque no falten las amigas cizañeras. A esta edad se amplían los bienes raíces –”vamos a tu departamento o quédate en el mío”–, y hasta se come más rico (si el hombre no cocina, al menos existe el delivery). Desaparece la preocupación de cómo llamar a los suegros (si es que se los llega a conocer), porque ambos pierden el absurdo rango de “tío” y recuperan su nombre propio.

Otro tema es el “mental”. Aunque depende mucho de la persona, me atrevo a decir que a cierta edad la frase “me dijo-no me dijo, me miró-no me miró, no me ha llamado y no sé dónde estará” no importa tanto como antes ¿o sí? Al menos se imaginarán que si el huailón no llama, es porque estará ocupado y no jugando pool con unas amigas pokemonas a las 3 AM.

Para las separadas con hijos el escenario ideal parece ser el de la pareja en iguales condiciones: un tipo que entienda la situación, que sea estable, que sepa “la verdad de la milanesa”, pero que sea proactivo, animado y responsable. En términos bien chilenos, que no sea un viejo de mier…ni tampoco una bala perdida, motoquero de poca monta, rugbista con mucho TEC cerrado ni el sufrido hombre a la espera del divorcio legal y la dispensa papal (salvo que seas el ex de Diana Bolocco, claro).

Damas, el pololo cuarentón tiene que ser consecuente, confiable, poco mamón, preocupado, amigo de la cocina y de las películas en DVD, bueno para el sushi y queso, aficionado a beber vino, pero sin exceso, buen lector y amante de los niños y los animalitos. Si por fuera es como George Clooney o Adrián y los Dados Negros, es lo de menos (nada personal amigo George). Lo importante es saber que casi en la mitad de la vida se puede pololear y hacer cosas ricas sin pedirle permiso a nadie. Y cuando digo cosas ricas…