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Gorda y feliz

Carolina se pregunta si algún día se pondrá de moda la gordura, o las axilas peludas. Porque sería mucho más cómodo comer muchas papas fritas, nunca más depilarse y seguir siendo atractiva y sexy.

  • Revista Mujer

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Hace rato que el primer mundo adora a Beth Ditto, la vocalista de una banda de rock independiente llamada The Gossip, pero yo la vine a conocer hace poco, gracias a mis amigos melómanos de radio Horizonte. Beth Ditto es gorda, peluda, feminista y lesbiana. Todo lo que no hay que ser en estos tiempos. O todo lo que hay que ser para que te discriminen. Pero el caso de Beth es diferente. Beth es un icono cool. Puede ser por su música que a todos les gusta mucho, pero lo más probable es que sea por su desparpajo: su insistencia en sacarse la ropa en el escenario y en todas partes, dejando ver sus 110 kilos de rollos, su enorme poto sudado y celulítico y sus –menos impresionantes– axilas peludas. Todo su feo cuerpo –lo que es muy incorrecto como comentario, pero, vamos, nadie podría decir lo opuesto– exhibido ante una audiencia enfervorizada o en la portada de una revista con aires de gata sexy.

Cuando le preguntan, ella –que canta contra el machismo y la homofobia– dice que disfruta mucho del sexo y que ama su gordura, cosa que me atrevo a dudar. No lo del sexo, sino lo otro, lo del amor a su sobrepeso. Lo mismo decía nuestra Katherine Orellana, que apenas pudo partió a operarse para ser flaca, normal, promedio. ¿Existirán los gordos felices? ¿Se pondrá de moda algún día la gordura? ¿Y las axilas peludas? Sería tan cómodo: comer muchas papas fritas, nunca más depilarse y seguir siendo atractiva y sexy. Un mundo perfecto en el que las modelos tendrían celulitis y las conejitas Playboy posarían con su pubis frondoso, como en los años hippies.

No, no creo que Beth Ditto se quiera mucho a sí misma, pero sabe que de no ser por su obesa humanidad expuesta a todo el mundo no tendría ni un tercio de la fama que tiene. Tal vez habría vendido algunos discos, pero nadie la consideraría cool. Quisiera preguntarle a Katherine Orellana si siguió teniendo tanta atención mediática después de la operación. Juraría que no. Lo mismo que Pamela de “1810”. ¿O alguien cree que su popularidad no tiene que ver con que es gorda? ¿La habrían seleccionado si no lo fuera? Me asalta otra duda: ¿Por qué no tenemos a ningún hombre en esta lista de obesos famosos?

Pienso en Pamela y me dan ganas de asesorarla, de decirle que ahora que es una especie de celebridad no haga como Katherine, sino como Beth, que transforme su grasa en acto subversivo, no para tener más éxito, sino para colaborar en la búsqueda del mundo perfecto. Pero dudo que quiera hacerlo. Yo no lo haría: soy demasiado vanidosa y, como ya he contado, estoy demasiado cansada para el activismo. Pero Beth Ditto no lo está. Gracias a ella, puede que pronto en Europa se usen las axilas pobladas y sea estiloso ser gorda. ¿O debería decir robusta, rellenita, maceteada?