Hombres

…Francisco Melo

Resultó ser de lo más franco. No sólo me confesó que dio su primer beso a los 21 años, sino que, además, tenía que controlar su ego porque muchas veces le había jugado malas pasadas.

  • Revista Mujer

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Como protagonista de la teleserie de TVN ¿Dónde está Elisa?, Pancho Melo está viviendo uno de sus mejores momentos televisivos. Está más popular que Elvis, porque no lo dejan ni caminar por la calle. Apenas lo ven en público, la gente lo acosa sin medirse. Lo odian por su personaje, pero también lo admiran por su actuación. “Me está yendo súper bien”, me comenta cuando logramos sentarnos tranquilos frenta a una mesa. “Igual procuro no creerme el cuento, porque sería fácil que se me subieran los humos a la cabeza”.

Pienso dos segundos y hay algo que no me calza: cómo es que no le ha pasado eso antes, porque ya lleva varios papeles vistosos en el cuerpo. “Lo que pasa es que vivo guerreando para no ‘creérmelas’ cuando me va bien y para no sentirme miserable si me va mal. Si saco bajo rating, bien, y si la crítica me hace pedazos… bien también”.

Lo escucho atentamente, porque noto que tiene mucho que contarme. Dice que aprendió a vivir con cautela, porque en más de una ocasión su ego le ha jugado malas pasadas. “He sentido envidia y celos por algún colega…”. Yo lo miro con espanto, pero luego me come la empatía. Me interesa escuchar esto de la boca de un actor; me parece una conversación noble y eso me motiva. “Me cuestiono con rabia ‘por qué no amí’, cuando le dan el papel protagónico a otro o cuando otro se gana el Altazor”. Y aún queda más: “…Pero el golpe más bajo lo siento cuando no me ponen en la escena final del último capítulo de una teleserie. Ahí,puedo llegar a gritar fácilmente: ‘¡¡¡Por qué no terminó conmigo!!!’”.

–Tengo que contarte que estoy un poco impactada con tu brote de franqueza…

–Sí, en serio. Quien no lo admita es un hipócrita. ¡Hay que ser muy cínico para negarlo!–exclama con esa intensidad tan propia de él.

Aprovechando esta sintonía, lo llevo a mi tema preferido: las féminas. Pero según él, en ese ámbito no tiene mucho que contar. Me cuenta que tiene 43 años y que sólo ha tenido tres mujeres en su vida (entre ellas, Amparo Noguera). Ah, sí, recuerda que su primer beso lo dio a los 21 años y yo lo miro estupefacta, y empiezo a pensar seriamente en que me está subiendo al columpio. “Noo, si te lo digo en serio. Lo que pasa es que yo era muy tímido. Sentía terror por las mujeres. ¡Imagínate que ni les hablaba! Una vez quise invitar a una al teatro y compré las entradas un lunes. Pero me dio tanto terror llamarla, que recién me atreví a hacerlo el sábado. Y claro, ya era tarde porque me dijo que no podía. Al final terminé yendo solo, sentado ahí, patético, al lado de una butaca vacía”.

Me pregunto si eso será ya parte de su pasado. Sólo me contesta que en algunos aspectos ha superado esta forma de ser, pero que para los eventos sociales colapsa. “Al Altazor, ponte tú, no voy porque me puedo llegar a morir del pudor”. A esas alturas ya no entiendo nada, porque si no me equivoco, ¿no era que quería ganar el Altazor?