Hombres

…Marco Enrí­quez-Ominami

Cómo perderme la posibilidad de salir con alguien que está en el ojo del huracán por estos días. Tiene seguidores y también detractores. Pero dice que está curtido con los ataques de la Concertación y que nada impedirá que siga rumbo a la presidencia de Chile.

  • Revista Mujer

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Quién iba a pensar que el joven de 35 años, hijo de un “guerrillero” tan emblemático y adoptado por un socialista tan socialista, iba a protagonizar tantas hazañas políticas juntas: primero, darle la espalda al partido que lo vio crecer; después, formar su propia agrupación política; y finalmente, postularse a la presidencia de la República con el consiguiente odio de la Concertación.

Resulta que ahora el ex cineasta,Marco Enríquez-Ominami, va en dos dígitos. Parece que su campaña de medios surtió efecto y no piensa detenerse. Por eso, está dando entrevistas a granel. “Estoy aprovechando todas las tribunas posibles: desde las radios de Chuchunco hasta las revistas de farándula. Sólo quiero que rebote mi mensaje y, a diferencia de los demás candidatos, no estoy ni ahí con hacerme de rogar”.

Como yo tampoco soy muy difícil, acepté su invitación a tomarme un café en el Congreso.

–¿Realmente no te desgastan las descalificaciones de tus antiguos camaradas?– le lanzo, porque me interesa saber qué tan cuero de chancho es.

–A estas alturas,me dan lo mismo. Los innumerables insultos queme ha propinado la Concertación, nome detendrán–me responde, con el pecho hinchado como el de una paloma.

Marco los ve como un puñado de políticos perturbados. “Son unos bipolares: dicen que soy un joven desleal y desagradecido, alguien que vale hongo. Pero yo dudo de que les dé tanto lo mismo, porque cada vez que digo ‘A’, salen todos como gatos salvajes. ¿Quién los entiende?”, me comenta subiendo una de sus marcadas cejas.

Para bajarle las revoluciones, se me ocurre ofrecerle una pastilla de menta. Me la acepta gustoso, pero al segundo la tira bruscamente al cenicero. “¡La odié! Te la acepté de puro simpático, pero es muy mala”, me reclama.

Le pregunto si siempre hace este tipo de cosas para parecer simpático. “No. La verdad es que nunca he hecho ningún esfuerzo por quedar bien y por eso he tenido que vivir sorteando odiosidades: de la izquierda, por ser el hijo de Miguel Enríquez y no andar todo el día con pasamontañas tirando piedras; y de la derecha, por ser el hijo de un terrorista. Fui castigado por tener un apellido que le caía mal a la mitad de Chile”.

Intuyo que me quedan pocos minutos con él, porque no me ha invitado a otra taza de café. Antes que termine, le pregunto por su familia, yme cuenta que una de las cosas a las que aún no se acostumbra, es a despertarse con tresmujeres cada mañana. “Soy el hombre de la casa y eso me agrada, pero me es difícil acostumbrarme a las responsabilidades. Cuando tenía perro (y era soltero), me costó asumir que tenía que alimentarlo y sacarlo a pasear. Después dormíamos hocico contra hocico y hasta atracábamos”.

Es brillante este joven político: me lanza esta talla justo cuando tiene que marcharse, porque sabe que eso no me dejará con un sabor amargo y puede que hasta vote por él.