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¡Pero cómo no van a entender!

El periodista no pudo resistirse: hizo el ejercicio de pasar a una farmacia y pedir un genérico. Esto fue lo que le pasó.

  • Revista Mujer

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Reconstruir la confianza…”, una frase preciosa y llena de sueños se autoimpuso una de las farmacias acusadas de colusión al ofrecer compensaciones después de una tropelía (*) que, hasta ahora, le ha costado más de 5 millones de dólares. A estas alturas, más que una gesta sincera por recuperar el prestigio, todo huele a una acción de cálculo financiero para evitarse una multa más alta. Basta con necesitar un parche curita y acercarse a un local para darse cuenta de que, o están equivocados o nos siguen timando. Sea cual sea la respuesta, la sensación es una: estos tipos no han entendido nada.

Hace unos días pasé por la farmacia de mi barrio y aproveché de repetir el test ácido que hago hace tanto tiempo, previo al cuento de la colusión. Pedí Paracetamol y antes de un suspiro la vendedora me ofreció la gran ganga:

–No, quiero Paracetamol –insisto.

–¿Paracetamol? ¿Un genérico? –me contrapregunta con cara de, ¿veneno?

–Sí.

Al minuto vuelve con un gesto agrio en su cara. O por encontrarme muy rasca o porque no le resultó el ardid.

–¿Cuánto vale? –le pregunto ansioso.

Tarda un segundo,mientras consulta esa pantalla con información que ella ve y nosotros no.

–430 –responde ya más tensa.

–¿Y por qué me ofreció en oferta algo de $ 1.041 si tenía lo mismo a $ 430?

–Es que éste –el caro, el quitajaquecas con caja ABC1 – trae 24 comprimidos y éste –el genérico, el C3-D–, 16.

Como suele hacerlo un fresco al ser descubierto, saca con presteza su coartada salvadora, contando con que la víctima no se maneje con las cuatro operaciones. Pero lo más rápido que pude, sumé para hacer la comparación.

–Si el Paracetamol genérico trajera 24 unidadesme costaría $ 650, todavía $ 400 menos que el que me trató de vender como oferta –le intenté argüir.

A esas alturas, pensé, la dependienta sólo querrá esconderse o irse para la casa. Pero le quedaba una cartita para salir jugando al ataque, como los que saben. ¡No lo va a creer!

–¿Quiere donar algo para la fundación…? –me alcanzó a decir al cobrarme, para cubrir la fallida operación con un manto de altruismo.

–Sí, los $ 400 que me iban a cobrar de más.

Me odiaba. Qué duda cabe.