Belleza

El color de Yves Saint Laurent

Por amor a las mujeres, el diseñador Yves Saint Laurent creó en 1978 La Beauté, una línea de maquillaje inspirada en sus tendencias de moda. Una paleta de colores deslumbrantes que invita a las mujeres a hacer volar su imaginación y proclamar su belleza sin pasar inadvertidas

  • Revista Mujer

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Con la desaparición de Yves Saint Laurent, se fue una parte esencial de la historia de la moda y las mujeres. Este maestro del diseño, nacido en 1936 en Orán, Argelia, se convirtió a los 21 años en el diseñador más joven de la Alta Costura, y marcó un antes y un después en la moda. Gracias al esmoquin femenino, una prenda que sigue siendo un clásico en cualquier guardarropa chic, a la implementación del pret-a-porter como una línea comercial completa, y a su estilo andrógino, su timidez y delicadeza, permanecerá como un ícono que dedicó su vida a desarrollar el arte del estilo y la belleza.

Las pasarelas internacionales siempre destacaron la especial dedicación que Monsieur Laurent le dedicó a la silueta de cada mujer. Desarrolló colecciones que ponían a la mujer como centro de atención de todas las miradas, como Ligne Trapéze, la primera, que se convirtió en un éxito instantáneo.

Con una visión muy clara y un espíritu bastante libre, se dedicó a alimentar todas las posibilidades de creación. No solo estuvo dedicado a las prendas femeninas, sino también al diseño de decorados y de vestuario para películas como la Pantera Rosa y obras de teatro como Cyrano de Bergerac. Y no se quedó sólo en las artes visuales, sino que además se adentró en la creación de perfumes: en 1977 le dio vida a Opium, el más vendido del mundo, y el que se hizo famoso por convertir a Catherine Deneuve en imagen del estilo. Eso, además de su musa personal.

Intensa pasión

Como la belleza femenina era algo en lo que concentraba todas sus energías, no tardó en crear su propia línea de maquillaje. “Tenía que darle un rostro a la mujer que visto”, fue lo que dijo en 1978 cuando la lanzó y la bautizó como La Beauté. La filosofía detrás de la línea era destacar el resplandor del rostro, el color de la piel, las facciones, los pómulos y los labios, además de darle un toque de seducción irresistible a la mujer.

La paleta de colores que Laurent creó –y que ha continuado con los lineamientos de su propuesta inicial– sigue desplegando una deslumbrante gama de tonalidades que invita a dejar volar la imaginación y a proclamar la belleza del rostro en cualquier lugar. Lo importante es que no pase inadvertida. Porque lo que proyecta La Beauté es audacia, sofisticación y tecnología, tres elementos que se han posicionado firmemente alrededor del mundo.

Lo que hacía Yves, lo hacía bien. En el momento preciso habló de individualismo, audacia y universalidad y las llevó a sus creaciones. Algo que las convirtió en secretas armas de atracción que desafiaron los estereotipos de belleza estandarizada. Decía que las féminas, como modernas heroínas, eran “libres, audaces, sorprendentes y se adaptaban a todas las circunstancias de su vida sin perder jamás la elegancia”.

Y eso, para él, las hacía deseables.

El más claro ejemplo de que su concepto del eterno femenino pudo perpetuarse hasta hoy, es que 30 años después, los estuches dorados de sus maquillajes y los talismanes (o promesas de revelación como los denominó), se mantienen como el símbolo de un eterno París, que recorre el Sena desde Les Invalides hasta el puente de Alejandro III.

La regla del "Yo"

Yves comenzó desarrollando variadas tonalidades de maquillaje, las que indudablemente estaban relacionadas con las colecciones de Alta Costura que presentaba en las pasarelas internacionales. De esta manera La Beauté participaba de la aventura que trascendía más allá de la moda y le daba al cutis un resplandor que lo destacaba cada temporada. “Elijo sólo aquellos colores que están a la altura de las propias intenciones”, decía.

Para este maestro del estilo, toda mujer debía llevar en su cartera un maquillaje imprescindible en su cartera, uno que la dejara verse sutilmente: una crema específica para su tipo de piel, un perfume que la definiera, una máscara de pestañas que realzara la mirada, un tapa ojeras o iluminador que eliminara los signos de cansancio y un labial que manifestara la pasión interna que la moviliza.

Esta búsqueda del imprescindible lo llevó a dedicarle tiempo y energía en buscar un labial que fuera reconocido entre todos los que había en el mercado. Lo llamó Le Rouge Pur y hasta hoy atiende tres elementos claves: la tecnología, la pigmentación de la piel de los labios y las moléculas que los protegen. Esto ha hecho que sean el punto de atención y atracción de cada mujer.

Sus primeros labiales fueron rojos, pero poco se demoró en descubrir que había un color especial que era para todos los tipos de piel: hasta hoy se le conoce como el N° 19 y ha trascendido las tres décadas desde su creación, el año 1979. Este rouge representó la explosión de insolencia y el compañero inseparable del negro. “Un color magnético que mezcla la gama de los púrpura, violeta y naranjos”, comentó Laurent cuando decidió que ese sería el tono que le pondría a los labios de todas sus musas inspiradoras.

Una búsqueda inteligente de la perfección que invita a jugar. Para Yves Saint Laurent la belleza era “un mensaje de amor y de emoción. Un pensamiento, una actitud, una manera de comportarse en la que el diseñador se anticipa. Una fiesta, un ritual, un misterio”.

Para el tono de la piel, monsieur también hizo de las suyas. Transformó el color de la tierra en polvos para neutralizar el color de la piel y para los ojos capturó los cambios de tonalidades que se producían durante el día y así iluminar bien los ojos. Y combinó texturas mates y tornasoladas, inspirándose en los amaneceres y atardeceres de África, en tonalidades rosa de la ciudad de Jaipur en India y en los contrastes de color de los cuadros de Mondrian.

En una de sus declaraciones comentó que sombras y rubores, lápices y polvos compactos trabajaban mágicamente para darle al rostro una divina intimidad. Y no hay duda de que los estilos de ropa y maquillaje diseñados por Laurent fueron delicadamente pensados para ayudar a todas las mujeres a mostrar la belleza interior y cultivar el misterio como el más secreto de los jardines de la seducción.