Columnas

Los niñitos de hoy

El marketing todo lo puede. Ya no es necesario ser afinado o tener talento. Basta con tener pantalla.

  • Revista Mujer

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Si cuando yo era niño –el siglo pasado, años después de la llegada del hombre a la Luna, por ahí por la cuasi guerra con Argentina, para que se ubiquen– se me hubiera ocurrido decirle a mis papás “quiero ir al show de Plaza Sésamo para conocer a Abelardo” o “quiero ir a ver a Los Muppets para conocer a la Rana René y Piggy”, seguramente me hubieran dicho “espérate que vamos volando” o “pégate un salto y anda a pasarlo chancho”, respectivamente. Resulta que mi primer mega recital en el Estadio Nacional fue en los 80, con Rod Stewart, y el último fue Iron Maiden en el Club Hípico donde compartí sudor con 60 mil chascones de polera negra. Pero ya era casi un adolescente. Y resulta que ahora un montón de cabros súper chicos (desde 7 años, en serio) llenarán el estadio a fines de mayo para ver a los Jonas Brothers. ¿Quiénes son éstos? Lo único que sé es que son hermanos, que cantan y que son hijos de Mr. & Mrs. Jonas. Los conozco tanto como a la Hanna Montana o a los de High School Musical, que también convocan multitudes en mega recitales hechos para menores de 14. Es que los niños de hoy rayan por cualquier banda que salga en MTV. ¿Qué onda? No me extrañaría que una toallita higiénica o una marca de zapatillas colorinches traigan en el futuro a nuevas agrupaciones de espinilludos angloparlantes que duran menos que matinal del 13 a doblar canciones en el teatro Teletón. 

¿Dónde quedaron esos cantantes machos, rockeros de tomo y lomo que se ponían pantalones ajustados, se oxigenaban las melenas y le cantaban al amor y las motos medio curados, medio drogados y rodeados de strippers tras el escenario? Es que el marketing y la televisión lo pueden todo. Ahora basta con que un gringo con voz de niñita haga un buen video para que se forre en dólares y cante por el mundo a un séquito de cabras gritonas con ataques de histeria por un púber que sabe algunos acordes de guitarra, entona como eunuco, se viste como para ir al mall, le canta a la abuelita, se enguata con mineral, inhala broncodilatadores para el asma y se hace rodear por asesores, estilistas, preparadores físicos, consejeros, sicólogos, managers y mascotas. Los niños de ayer vibrábamos con el hard rock. Hoy los niños y niñas de mi patria siempre vencedora jamás vencida se rinden e inclinan ante los pies con manicure de estos “artistas”, y del hard rock nada. Todo es soft, todo es diet, todo es light. Permítanme una licencia: ¡Puaj!